La UAS frente a la acometida violenta
Juntas, crisis financiera e inseguridad
Con más de 180 mil alumnos, de los cuales 50 mil son de nuevo ingreso, resulta difícil calcular la magnitud del zarpazo que el crimen organizado le asesta a la máxima casa de estudios con violencia como la del miércoles que privó de la vida a un alumno de la Facultad de Contaduría y Administración que apenas iniciaba en el campus un proyecto de vida como ciudadano de bien. De la misma manera es inimaginable el estremecimiento que experimenta toda la estructura uaseña, desde el Rector Jesús Madueña Molina hasta el más modesto universitario.
Esto sucede mientras la Universidad le hace frente a la alta demanda de estudiantes y padres de familia para que se les imparta la educación en el turno matutino y no en los horarios vespertino y nocturno, que consideran de alto riesgo por la inseguridad en que permanecen el centro y sur del estado. Aquí colisionan la falta de infraestructura de la UAS para acuerparlos a todos de las 7 de la mañana a las 12 del mediodía, y el temor de las familias a que sus hijos sufran alguna consecuencia asestada por la delincuencia que ronda por dondequiera.
Ayer, horas después del crimen cometido en el área circundante de Ciudad Universitaria, Madueña ordenó un diagnóstico inmediato para conocer el estado de ánimo de estudiantes y profesores y adoptar posibles acciones urgentes en la medida que lo permitan las circunstancias. El alumnado exige protección, el Rector busca la manera de mantenerlos seguros, pero es obligación de los gobiernos federal y estatal otorgar garantías para evitar que también la educación convulsione por la barbarie.
Durante el recorrido que realizaron funcionarios, directivos y maestros, abarcando las unidades académicas de la zona centro, se detectó el mismo sentimiento de incertidumbre que domina en la sociedad en general, y fue refrendada la voluntad de proseguir con el calendario lectivo y las debidas medidas de prevención. En resumen, la mayoría de los estudiantes plantean seguir en las aulas, otros educación virtual o bimodal y los menos, suspensión de labores.
Con base a este reporte el Rector dispuso clases a distancia de manera temporal en el horario nocturno; la posibilidad de que el personal de seguridad de la UAS se coordine con las autoridades competentes en la materia según lo resuelva cada entidad del campus; laborar normalmente en las licenciaturas que operar con turno único, que son mayoría, y en las demás respetar la determinación de maestros y alumnos por tener actividad escolar de 8 a 13 horas, matutino, y 13 a 18 horas, vespertino.
Después de estas decisiones, la duda que persiste en la UAS tiene que ver con la pregunta de qué es capaz de implementar la Presidenta Claudia Sheinbaum para proteger la integridad de los universitarios si hasta la fecha mantiene en la incertidumbre el futuro financiero inmediato de la institución. Empalmadas las dos crisis, insuficiencia presupuestal y educación bajo el miedo, sólo la intervención tajante del Estado atenuaría o solucionaría en definitiva las inminentes crisis que se posan sobre la colectividad azul y oro.
O qué hará la Mandataria nacional para poner a salvo la educación en Sinaloa en general pues la alerta por la narcoguerra induciendo miedo en las aulas no es exclusiva de la UAS sino de todo el sistema de enseñanza pública y privada. Fue muy predecible el desdoblamiento de los delitos de alto impacto hacia los espacios pedagógicos, aberración que se vio venir lentamente y que en los primeros días del ciclo escolar actual permite corroborar cómo el monstruo criminal introduce sus tentáculos en las escuelas.
La UAS no puede por sí misma blindar sus espacios y ofrecer tranquilidad y civilidad a su comunidad. Víctima colateral de las atrocidades que acechan a todos los sinaloenses, la institución rosalina tiene la única alternativa disponible consistente en alzar la voz, crecer el nivel de exigencia, para que el conocimiento y la inteligencia se sostengan al margen de confrontaciones entre facciones del narcotráfico. Y si es preciso, solicitarles desde la sociedad dicha norma de excepción a los capos y sus sicarios.
Si se trata de la UAS, de la educación, del futuro de niños y jóvenes, nadie debe considerarse al margen de esta batalla que vale la pena librar. Con, sin o a pesar del Gobierno la acción social está emplazada a reparar el más sólido bastión para la paz en Sinaloa.
El Gobierno ve de reojo,
que intenta el crimen procaz,
cambiar por el lúgubre rojo,
el azul y oro de la UAS.
Que no nos sean indiferentes las reacciones de inconformidad en la comunidad estudiantil de la UAS que ayer se dejaron ver de distintas maneras. La principal fue el ausentismo que mostró a las aulas tristes, alicaídas; lo otro tuvo que ver con manifestaciones por ejemplo en Palacio de Gobierno, no tan numerosas aunque sí explícitas en lo que respecta al miedo que impone el hampa y la consiguiente exigencia de condiciones adecuadas para estudiar en paz, así como el clamor en las redes sociales, oscilante entre la protesta y la consternación por el sacrilegio que significa la violencia apoderada de los pupitres. Abracemos como sociedad a los universitarios.