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Columna

La verdad todos los días

EL OCTAVO DÍA

    Antes, no muy antiguamente, el 7 de junio era el día nacional de la libertad de expresión, o sea el día del periodista.

    Era el día “oficial”, cuando el presidente y los gobernadores se sentaban en una gran comelitona y entregaban los premios estatales de periodismo. Dinero, política y salvas.

    Ya no es así. La raza combativa decidió conmemorar el periodismo el 30 de mayo, aniversario de la muerte de don Manuel Buendía, epítome del columnista firme e insobornable.

    Don Manuel fue asesinado cuando se dirigía a su vehículo y poco tiempo antes había denunciado que la presidencia de la República había abierto varias cuentas en Suiza en secreto, además de denunciar las acciones de la CIA en México.

    Su columna “Red Privada” era reproducida por alrededor de 60 periódicos mexicanos. Con ello fue el periodista de mayor influencia en el panorama de prensa escrita en México, en la segunda mitad del siglo

    Noroeste desde hace años no participaba en el festejo estatal. Es un contrasentido recibir reconocimientos y premios en efectivo de una institución con la que se tiene una relación de continuo basada en una crítica continua.

    Con el auge de ciertos portales, ya se le ha perdido el respeto un poco el periodismo. Sin embargo, el lector moderno prefiere la información revisada y con buena ortografía.

    Cuando quise ser comunicólogo, la gente que me aconsejaba de buena intención me decía que no tenía caso ese oficio en una ciudad con solo dos periódicos. Olvidaban también que había televisión local, varias radios y empresas necesarias de un área de comunicación social, por no hablar de la administración pública o la accion politica.

    Hoy bulle un gran campo laboral para la comunicación y muchas empresas, incluidas las más pequeñas, optan por un gestor de redes sociales. No basta tener bonito cuerpo o subir buenos chistes para ser Influencer a largo plazo.

    Con el boom de las plataformas y las redes sociales, muchos se sienten reporteros o se nombran así mismos con ese título que cuesta ganárselo. El reportero es un oficio definido dentro del periodismo, así como el enfermero o el cirujano en la medicina: va y levanta un reporte de un suceso siguiendo instrucciones y órdenes precisas del jefe de redacción o editor.

    Este a su vez revisa, criba, ordena y a veces cancela la nota del reportero, que al día siguiente sale a la calle a buscar sus otras cuatro notas en base a su fuente o lo que decida el jefe de redacción.

    No todo lo que levante o redacta se publica: técnicamente es un trabajador especializado y el jefe de información, el redactor y a veces hasta el director checan su nota si es polémica o difícil.

    Esa cadena de revisión y criterio no la tienen muchos portales de internet a los que les creemos todo y nunca se disculpan por información errónea.

    Hoy más que nunca es importante esta labor, especialmente en las furias y estridencias electorales

    A mí seguido me caen algunos periodistas foráneos que quieren “entrevistar a un narco” o mínimo a un sicario. Que piensan que van a poder hacerlo caer en contradicción como si fuera un político de pueblo e irse con la gran nota que publicaran en su cómodo mundo hipster y jamás saber de ellos.

    Con paciencia, les digo que quien ande activo en ese negocio se negara porque suelen saber el valor de la discreción... el mundo real es más complejo que una narcoserie de Netflix.

    Agradezcamos siempre el verdadero periodismo comprometido con la verdad. No solo en los días oficiales o extraoficiales: es un asunto de gran importancia para todos los días de la vida.

    Con el boom de las plataformas y las redes sociales, muchos se sienten reporteros o se nombran así mismos con ese título que cuesta ganárselo. El reportero es un oficio definido dentro del periodismo, así como el enfermero o el cirujano en la medicina: va y levanta un reporte de un suceso siguiendo instrucciones y órdenes precisas del jefe de redacción o editor.