En la columna anterior hablamos de “Las cuatro T” que distingue el cardiólogo Valentín Fuster, en su conferencia “Las ocho claves para vivir mejor”, que presentó en el programa Aprendemos juntos, promovido por BBVA.
Sin embargo, no sólo habló de “Las cuatro T”, pues también citó “Las cuatro A”, que son la manera en cómo se presenta uno en el mundo, sintiéndose útil y aumentando su autoestima.
Las 4 A son:
Actitud positiva: Encuentro barreras, pero no me frenan y las voy a solucionar.
Aceptar quién eres: No vas a compararte con tu vecino; si él tiene un Maserati, no necesariamente tengo que imitarlo.
Autenticidad: Ser la misma persona por la mañana, por la tarde y por la noche; no una persona cambiante dependiendo de con quién hablas.
Altruismo: La gente más feliz es la que da, no la que recibe.
En síntesis, salir de sí mismo y ser útil en la sociedad en donde se vive.
Sin embargo, en el sector educativo también se manejan otras “4 A”, como indicadores del Derecho a la Educación, de acuerdo con la extinta yugoslava Katarina Tomasevski, quien se desempeñó como primera relatora especial de las Naciones Unidas para el derecho a la educación:
Asequibilidad: La educación es un derecho civil y político, social y económico, así como cultural.
Acceso: El derecho a la educación se realiza progresivamente y con distintas modalidades en cada nivel educativo, asegurando que la educación básica sea gratuita, obligatoria e inclusiva.
Aceptabilidad: El Gobierno debe establecer, controlar y exigir criterios y estándares de alta calidad en la educación.
Adaptabilidad: Se requiere que las escuelas se adapten a los niños, en lugar de forzarlos a adaptarse a cualquier condición que la escuela hubiera previsto para ellos.
¿Me acepto? ¿Soy positivo? ¿Soy auténtico? ¿Soy altruista?