Las dos caras de los talibanes

    No es producto de la casualidad que la toma de Kabul se diera sin disparos, que el Presidente Ashraf Ganhi, su equipo cercano y varios ‘señores de la guerra’ salieran del país con todo y sus fortunas.

    “Los talibanes lograron tomar Kabul prácticamente sin disparos, mucho de esto se explica en los acuerdos de Doha y el plan de la retirada militar americana. Veinte años duró la guerra que terminará con la bandera de un nuevo Emirato ondeando en un país que se juega su futuro en un volado; de una cara están los talibanes y de otra también”.

    No es muy común que escriba de asuntos internacionales, hay en México, investigadores sociales expertos internacionalista que pueden dar una explicación más detallada del conflicto global que supone la toma de Kabul por el grupo fundamentalista Talibán, pero esta es mi opinión personal sobre la situación que tampoco es ajena a la Ciencia Política. Hace una semana, Estados Unidos cumplió los pactos de Qatar para el retiro de sus tropas después de 20 años de justificada ocupación militar.

    Hablar del conflicto en Afganistán es complejo, tan complejo como las múltiples etnias que conforman la población de aquél lejano país montañoso y los intereses internacionales que apuntan al control de un punto clave en la región que delimita la frontera Europa y Asia, del mundo oriental y el occidental. En 1996 los talibanes tomaron el poder político del país por las armas, implementaron un Estado islámico radical y radicalizado que dio cobijo a células terroristas, una de ellas la tristemente célebre Al Qaeda, un grupo yihadista perpetrador de los sangrientos ataques del 9/11, hechos que a la fecha cambiaron el rumbo de nuestra historia como humanidad.

    Nace como respuesta la “guerra contra el terrorismo” que tenía como objetivo dar con los responsables que se adjudicaron el ataque, y así eliminar de una vez y para siempre, todas las expresiones terroristas que representaran un peligro para la humanidad. La guerra contra el terrorismo trajo con ella una “islamofobia” global por el poco entendimiento del mundo occidental sobre la cultura y la religión que fundamentó a estos radicalizados grupos. Muchos años han pasado y pocos logran entender que no todo musulmán es terrorista y que mayoritariamente la expresión de los creyentes del Corán y practicantes del Islam, fincan sus creencias en la mayoría de los valores universales que persiguen las religiones o credos del mundo y que no son por tal, adoradores radicalizados.

    Estados Unidos pagó la mayor parte de la guerra en Afganistán, durante muchos años trataron de preparar, armar y entrenar a una milicia afgana que pudiera defender el gobierno impuesto por la OTAN, pero miles de muertos y dos décadas después no se logró. El evidente fracaso lo explican los expertos en varios puntos, uno de ellos en la simulación de los líderes locales al formar el ejército, la corrupción del gobierno impuesto sin legitimidad ante la población, el apoyo regional que el grupo Talibán tuvo siempre en las provincias lejanas de Kabul y el apoyo de otras naciones árabes al movimiento que poco a poco fue alejándose del radicalismo extremo.

    Hace una semana, Afganistán cayó en manos de los talibanes pero no de aquellos radicales que fueron epítome del fundamentalismo en años pasados. El viraje del radicalismo armado al ejercicio de la negociación política los llevó a la mesa de negociación con fuerzas políticas importantes en la región. Los nuevos talibanes moderaron, al menos en lo que se sabe, sus posturas respecto a los derechos humanos, al auspicio de grupos terroristas y la relación con EUA y sus aliados de la OTAN. La salida de los “marines” de tierras afganas no fue de la noche a la mañana, tenía años gestándose y es una de las pocas cosas que en materia internacional se le puede reconocer a Donald Trump.

    No es producto de la casualidad que la toma de Kabul se diera sin disparos, que el Presidente Ashraf Ganhi, su equipo cercano y varios “señores de la guerra” salieran del país con todo y sus fortunas. Tampoco lo es que el aeropuerto de la capital siguiera por varios días en control del ejército americano y que los talibanes decretaran amnistía para los soldados que estuvieron al servicio del régimen anterior, que las oficinas gubernamentales siguieran funcionando, o los caminos sigan abiertos a los grupos internacionales de ayuda humanitaria.

    Estos nuevos talibanes tienen una visión distinta del futuro, en una influencia asiática que apunta a China, país que ya recibió en fechas recientes al mulá Baradar, el líder político y estratega del movimiento que ha conquistado más con cuatro años de acuerdos que 20 años de balas. Wang Yi consejero de Estado y ministro de Relaciones Exteriores de China recibió al máximo líder del grupo Talibán en julio pasado, trabajando también como mediador en la solución pacífica del conflicto afgano.

    Pero en Afganistán no todos se fían de las “buenas intenciones” de los talibanes, muchos civiles que trabajaron para el gobierno anterior o para las fuerzas militares de Estados Unidos y la OTAN, temen por sus vidas y prefieren el exilio o el suicidio a quedarse a ver el futuro que les espera cuando el gobierno fundamentalista termine por afianzarse. México ofrecerá asilo político y apoyo sobre todo a mujeres y niñas que busquen salir del país por temor de perder sus vidas. El canciller Marcelo Ebrard dice que se están procesando las primeras solicitudes de refugio de ciudadanos afganos en México. Curiosamente, el gobierno dice que tenemos las puertas abiertas, pero la gran pregunta es ¿cómo habrán de venir desde tan lejos aquellos?. Luego le seguimos...

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