Normalmente, cuando utilizamos la expresión dos salsas, pensamos en una de color verde y otra roja, que son típicas en la cocina mexicana. Empero, la palabra salsa también puede referirse a la música de ritmo afrocubano, e, incluso, también puede hacer alusión a que alguien se cree muy superior a otro (muy salsa).
Sin embargo, hoy queremos referirnos a la expresión dos salsas, que utilizó el escritor Benito Pérez Galdós, en el capítulo seis de su novela titulada “Misericordia”, donde presentó a dos mujeres en aguda estrechez económica: Doña Paca, aristócrata venida a menos, y su criada Benina, en el Madrid del siglo 19.
Doña Paca se preguntó si mañana sería un buen día y la criada respondió presurosa, que sí, que se lo dice el corazón. Doña Paca, dijo: “Cuando lo veamos te diré si aciertas... No me fío de tus corazonadas. Siempre estás con que mañana, que mañana...”.
Benina afirmó: “Dios es bueno”, pero Doña Paca agregó: “Conmigo no lo parece. No se cansa de darme golpes: me apalea, no me deja respirar. Tras un día malo, viene otro peor. Pasan años aguardando el remedio, y no hay ilusión que no se me convierta en desengaño. Me canso de sufrir, me canso también de esperar. Mi esperanza es traidora, y como me engaña siempre, ya no quiero esperar cosas buenas, y las espero malas para que vengan... siquiera regulares”.
Benina la volvió a reconfortar, pero Doña Paca le preguntó: “¿Te conformas con esta vida?” La criada contestó: “Me conformo, porque no está en mi mano el darme otra. Venga todo antes que la muerte, y padezcamos con tal que no falta un pedazo de pan, y pueda uno comérselo con dos salsas muy buenas: el hambre y la esperanza”.
¿Saboreo las dos salsas?