Tal vez a alguien le parezca exagerado el título de esta columna, porque sostenga que se puede vivir sin leer. Tendría razón; sin embargo, quien lee aumenta su vocabulario, vitamina su cerebro, alienta su imaginación, ensancha su espíritu y vive muchas vidas.
Como mañana se conmemora el Día Mundial del Libro, quisiéramos reforzar la invitación al hábito de la lectura. “Lo peligroso de vivir sin leer -dijo Quino a través de la caricatura de Mafalda- es que te obligan a creer en lo que te digan”. De forma muy sabia, Borges sugirió: “Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”.
Hay que incentivar la lectura, pero no de manera obligatoria y tediosa, aconsejó el mismo autor argentino, en 1979: “Creo que la frase “lectura obligatoria” es un contrasentido; la lectura no debe ser obligatoria. ¿Debemos hablar de placer obligatorio? ¿Por qué? El placer no es obligatorio, el placer es algo buscado”.
Señaló que si un libro no te “engancha” lo abandones y cojas otro: “si un libro les aburre, déjenlo; no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo; aunque ese libro sea el Paraíso Perdido -para mí no es tedioso- o El Quijote -que para mí tampoco es tedioso-. Pero si hay un libro tedioso para ustedes, no lo lean; ese libro no ha sido escrito para ustedes. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad... un goce personal. Es el único modo de leer”.
En otra ocasión, aconsejó que lo importante no era leer como desaforado, sino volver con fruición al camino que ya se había trillado: “Además, no importa leer, sino releer”.
¿Gozo y disfruto la lectura?