Lo bueno, lo malo y lo feo de la Reforma Electoral

06/03/2026 04:01
    El gran problema es que, quienes promueven y hacen las leyes o propuesta de modificación a la Constitución, creen que la falencia de la democracia mexicana recae únicamente en terreno de lo electoral, es decir, en la parte de las elecciones y el sufragio, pero no es así

    “La democracia es imperfecta, pero tiene la característica de poderse corregir”, dice la filósofa Victoria Camps, catedrática y ex Senadora en las Cortes Generales de España, por Barcelona. Y tiene toda la razón, la democracia no es perfecta, pero como régimen político siempre tiene los mecanismos de ajuste por tensión y torsión, tal como las cuerdas de una guitarra.

    No soy experto en música, pero no existe guitarra que permanezca eternamente “afinada”, el uso musical, el tiempo de descanso, la tensión de las clavijas, la presión atmosférica y hasta el clima y su humedad pueden ser factores para el estado armónico del instrumento.

    Pero tal como la democracia, la guitarra tiene mecanismos para poner orden y mejorar la experiencia musical de quien la toca y quienes la escuchamos. No son mecanismos externos, son parte de ella y sirven para lo que fueron creados; corregir por tensión o torsión el estado de las cuerdas para dar el sonido perfecto en la nota adecuada. Y así es como funcionan las democracias del mundo, con ajustes y presiones, que dan mejores o peores resultados, según la habilidad de quien las afina y quien las toca.

    México vive un momento de propuesta de cambios constitucionales en materia político electoral, y por supuesto que los necesitamos, según diversas mediciones internacionales sobre calidad de la democracia ocupamos entre el 81 y el 84 lugar de 190, dependiendo el estudio. Somos vistos por el mundo como un país con altas pretensiones democráticas y arraigos profundamente autoritarios. En este sentido, suena lógico que una nación con nuestras características viva constantemente en reflexiones y discusiones legislativas para mejorar la calidad de nuestra democracia.

    El gran problema es que quienes promueven y hacen las leyes o propuesta de modificación a la Constitución creen que la falencia de la democracia mexicana recae únicamente en terreno de lo electoral, es decir, en la parte de las elecciones y el sufragio, pero no es así, los grandes pendientes de la democracia mexicana tienen que ver con la justicia y el Estado de Derecho, el respeto a los derechos humanos, la educación cívica y la cultura democrática como forma de vida de las y los ciudadanos. Una verdadera reforma político-electoral para mejorar las condiciones democráticas, haría planteamientos profundos sobre temas de corrupción, prevalencia de la justicia sobre la impunidad, acceso equitativo de los ciudadanos a los espacios del poder y la toma de decisiones, entre otras tantas cosas que los países avanzados en la materia tienen hace más de 50 años.

    Pero como debemos remar con lo que tenemos, aquí un análisis muy básico de elementos positivos, negativos y penosos -por horrorosos- que pude observar al leer la iniciativa presentada el pasado 4 de marzo ante el Congreso de la Unión, para una nueva reforma electoral propuesta por el Poder Ejecutivo, a través de la Secretaría de Gobernación.

    Lo bueno. Con la propuesta, me parece muy oportuno que los senadores tengan que ir a buscar el voto en los estados del País, a que los ratifique o los haga un lado el electorado, por la eliminación de la lista plurinominal o lista de partido en el Senado de la República obligará a personajes enquistados en el poder y las cúpulas partidistas, a tener que pasar por las urnas de nuevo y ser electos de manera directa por el voto popular, como ganadores o mejores perdedores. Bueno, también será que toda publicidad política realizada con inteligencia artificial deba declararse y autenticarse, sobre todo por los avances de esta y la posibilidad de crear contenidos de comunicación falsos para la guerra sucia.

    Lo malo sin duda seguirá siendo los millonarios recursos económicos que entregaremos a los partidos, y el control que mantendrán ellos sobre los accesos a los cargos de representación política. La ausencia de debate en materia de “sobrerrepresentación” y “subrepresentación” es otro mal augurio de una reforma incompleta, así como la imposibilidad de evitar el “chapulineo” de bancadas para generar falsas mayorías y la traición al electorado cuando un Legislador o Legisladora llega por la Oposición y se entrega de cuerpo entero a la mayoría -o viceversa-.

    Por último, lo feo y lo más peligroso está en la posibilidad que tendrá la autoridad para cancelar candidaturas cuando exista sospecha o indicios -reales o ficticios- de financiamiento criminal de candidatos o la “integridad” del proceso, esto pareciera ser algo muy positivo, pero la justicia en México es selectiva, si algún candidato o candidata de la Oposición -o del propio partido en el poder- estorba, sólo hay que fincarle una carpeta de investigación por lavado, por uso de recursos de procedencia ilícita o por cualquier cosa que le impida seguir con su campaña. Como en tiempos del viejo PRI, si viene fuerte un opositor y estorba en la ecuación, pues, lo acusamos de narco, lavador de cuello blanco o asesino serial, da lo mismo, el chiste es que no esté en las boletas. ¿Pasará la reforma tal y como se presentó? Eso está por verse, algunos dicen que viene una rebelión de la “chiquillada”. Luego le seguimos...