De acuerdo al relato bíblico de la creación, Eva fue formada por Dios cuando hizo caer al hombre en un sueño profundo (Gn 2,21). Jacob soñó con una escalera que unía el cielo y la tierra (Gn 28, 10-22) y José fue un gran soñador y descifrador de sueños (Gn 37-45).
La palabra sueño se puede aplicar a muy diversas situaciones: al acto de dormir (está descabezando un sueño), al cansancio que incita a dormir (se le notan las ganas de echarse un sueño), a tener alucinaciones o ensoñaciones (“Como una dulce visión te apareciste ante mí, tú fuiste una ensoñación la más hermosa que vi”, escribió Jorge del Moral en su canción Divina mujer).
Sin embargo, hoy queremos centrarnos en el significado de sueño como la proyección de una meta o ideal. Como se dice comúnmente, un sueño no es lo que ves mientras duermes, sino lo que no te deja dormir.
“Los sueños parecen al principio imposibles, luego improbables, y luego, cuando nos comprometemos, se vuelven inevitables”, aseguró Mahatma Gandhi.
Es verdad, muchas veces parecen imposibles los sueños, pero depende del compromiso, decisión y empeño su realización. “Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo. Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve por ello y punto”, dijo a su hijo Will Smith, en la película En busca de la felicidad.
Quien persigue el sueño podrá ser considerado loco. “Piloto en alta mar, y en ese leño,/ en noche tormentosa y tan oscura,/ sin brújulas ni velas, ¿por ventura/ es tu arrojo demencia, o es un sueño?”, se preguntó el poeta Patricio Oliveros.
¿Persigo y torno inevitables mis sueños?
@rodolfodiazf