Los jóvenes del mundo no se sienten representados por la clase política

ENTRE COLUMNAS
26/10/2026 04:01
    Las experiencias europeas deberían interesarnos en México. Porque muestran que cuando los jóvenes perciben que no están siendo tomados en cuenta, la confianza en la clase política comienza a erosionarse

    Hubo un tiempo no muy lejano, en el que un matrimonio joven podía comprar una casa con un solo sueldo, tener varios hijos y estacionar un carro del año en la cochera con el tanque de gasolina lleno.

    Ese tiempo fue el de los baby boomers, esa generación nacida entre 1946 y 1964, que creció al calor del Estado de bienestar. Hoy tienen entre 62 y 80 años de edad. La mayoría disfruta de una pensión o una jubilación; poseen una, dos, o hasta tres propiedades, y viajan casi cuando se les antoja.

    Después vinimos los de la llamada generación X, también conocida como la generación “puente”. Nacimos entre 1965 y 1980. Nos tocó vivir la transición digital: descubrimos el Internet, los videojuegos y la televisión por cable. Algunos afortunados alcanzamos la promesa de una futura jubilación, y en general, se nos considera una generación estable e independiente.

    Pero luego llegaron los llamados millennials (nacidos entre 1981 y 1996), hoy de entre 30 y 45 años de edad. Y tras ellos, la generación Z, nacida entre 1997 y 2012. A estas dos generaciones les tocó la resaca de la fiesta.

    A diferencia de los boomers, estas generaciones han vivido entre crisis económicas, outsourcing y contratos temporales que apenas alcanzan para rentar una habitación con roomies. La jubilación laboral, para ellos, parece ciencia ficción.

    Mientras que los boomers accedían a empleos bien remunerados con estudios técnicos o universitarios básicos, los millennials acumulan posgrados y deudas que no siempre se traducen en mayores ingresos. Los Gen Z, que crecieron viendo esa contradicción, dudan cada vez más del valor del esfuerzo tradicional.

    En México, el salario promedio de un profesionista joven rara vez rebasa los 10 mil pesos mensuales, mientras el costo de vida, el transporte, la renta y los alimentos no dejan de subir. El trabajo formal apenas cubre lo básico, y el informal -aunque más flexible- no ofrece seguridad social, vacaciones, ni esperanza de retiro digno.

    Para los boomers, la precariedad era una excepción. Para los millennials y los Gen Z, se ha vuelto la regla. Los resultados de la encuesta intercensal del Inegi, muestra que millones de treintañeros o cuarentones aún viven con sus padres. También sabemos que no tienen seguro médico, ni casa, ni coche, ni hijos. No son decisiones voluntarias, sino estrategias de supervivencia.

    En los años ochenta, una casa costaba entre tres y cuatro veces el salario anual promedio. Hoy, en muchas ciudades, una propiedad puede costar entre diez y veinte veces el ingreso anual de un millennial promedio. La brecha económica es abismal.

    Este fenómeno no es exclusivo de México, sino que es global. Al otro lado del Atlántico, las calles de Francia, Italia y otros países europeos se han convertido en escenarios de un creciente malestar social entre los jóvenes. Las movilizaciones en días recientes han colocado en el centro de la discusión las dificultades para acceder a una educación de calidad, por los bajos salarios, el encarecimiento de la vivienda y la pérdida de expectativas de movilidad social.

    En Francia, las protestas estudiantiles comenzaron con reclamos por la falta de profesores y las condiciones de las escuelas. En Italia, las movilizaciones han reunido demandas contra el deterioro de los planteles educativos, el costo de la vida, los alquileres y la precariedad laboral. El malestar también se ha expresado en España, Portugal, Albania, y otros países.

    Por eso, las experiencias europeas deberían interesarnos en México. Porque muestran que cuando los jóvenes perciben que no están siendo tomados en cuenta, la confianza en la clase política comienza a erosionarse.

    Y cuando una generación deja de creer en quien dice representarlos, ya no espera respuestas de sus instituciones, sino que comienza a buscar alternativas de movilidad fuera de ellas.

    Es cuanto...