Los procrastinadores somos perfeccionistas

05/03/2023 04:02
    Un error común es pensar que todos los procrastinadores son flojos. En el cuerpo y el cerebro, la pereza se caracteriza por la falta de energía y la apatía general. Cuando uno se siente perezoso, es más probable quedarse sentado sin hacer nada, que distraerte con tareas sin importancia. De hecho, muchas personas posponen las cosas porque les importa demasiado. Los postergadores a menudo reportan un miedo al fracaso, posponiendo las cosas porque temen que su trabajo no esté a la altura de sus altos estándares

    Son las 4 de la tarde del sábado y aún escribo esta columna. Me quedan un par de horas para el “deadline” de entrega al editorial de Noroeste y todavía no tengo idea de qué escribir.

    Este es un ciclo de la procrastinación, y todos hemos estado allí.

    ¿Por qué procrastinamos cuando sabemos que es malo para nosotros?

    Siendo específicos, posponer algo no siempre es procrastinar. La gestión responsable del tiempo requiere decidir qué tareas son importantes y cuáles pueden esperar.

    Procrastinar es la tendencia de dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, incluso si eso puede tener consecuencias negativas a largo plazo. La procrastinación puede ser causada por una variedad de factores, incluyendo la falta de motivación, la ansiedad, el aburrimiento o la dificultad para concentrarse. Aunque posponer las cosas de vez en cuando puede no ser un problema, la procrastinación crónica puede afectar negativamente la productividad, la autoestima y la calidad de vida en general.

    Irónicamente, la procrastinación es una respuesta de nuestro cuerpo, el cual intenta protegernos evitando una tarea que consideramos amenazante.La procrastinación tiene una base neurobiológica y está relacionada con la forma en que nuestro cerebro procesa la información y toma decisiones. En particular, la corteza prefrontal, una región del cerebro responsable de la toma de decisiones y la autorregulación, juega un papel clave en la procrastinación.

    Cuando enfrentamos una tarea que consideramos difícil, aburrida o estresante, la amígdala, una región del cerebro que procesa las emociones, puede activarse, lo que puede generar ansiedad o estrés. Esto puede llevar a una disminución de la actividad en la corteza prefrontal, lo que puede dificultar la capacidad de planificación, la toma de decisiones y el autocontrol.

    Además, la dopamina, un neurotransmisor asociado con la motivación y el placer, puede tener un papel importante en la procrastinación. Cuando comenzamos una tarea desafiante, nuestro cerebro puede liberar una pequeña cantidad de dopamina como recompensa anticipada. Sin embargo, si la tarea se vuelve demasiado difícil o aburrida, la liberación de dopamina puede disminuir, lo que puede reducir nuestra motivación para completar la tarea.

    Un error común es pensar que todos los procrastinadores son flojos. En el cuerpo y el cerebro, la pereza se caracteriza por la falta de energía y la apatía general. Cuando uno se siente perezoso, es más probable quedarse sentado sin hacer nada, que distraerte con tareas sin importancia.

    De hecho, muchas personas posponen las cosas porque les importa demasiado. Los postergadores a menudo reportan un miedo al fracaso, posponiendo las cosas porque temen que su trabajo no esté a la altura de sus altos estándares.

    Cualquiera que sea el motivo de la procrastinación, los resultados suelen ser los mismos. Es probable que los procrastinadores frecuentes sufran de ansiedad y depresión, sentimientos continuos de vergüenza, niveles más altos de estrés y dolencias físicas asociadas con el estrés elevado.

    Lo peor de todo es que, si bien la procrastinación nos perjudica a largo plazo, reduce temporalmente nuestro nivel de estrés y lo refuerza como una respuesta corporal para hacer frente a tareas estresantes.

    Entonces, ¿cómo podemos romper el ciclo de procrastinación?

    Ser demasiado duro con uno mismo puede generar emociones negativas adicionales en una tarea, lo que hace que la amenaza sea aún más intensa. Para cortocircuitar esta respuesta al estrés, debemos abordar y reducir estas emociones negativas.

    Las personalidades expertas en el tema sugieren establecer objetivos claros y específicos, medibles y alcanzables, así como dividir la tarea en partes más pequeñas. A veces las tareas parecen abrumadoras, pero al dividirlas en partes más pequeñas, se vuelven más manejables y menos intimidantes.

    Asimismo, establecer un horario para trabajar en las tareas y seguirlo regularmente, puede ayudar a crear un hábito y reducir la tentación de procrastinar.

    Otro factor es identificar las distracciones que nos impiden trabajar y fomentar la autodisciplina. Esto nos permite controlar los impulsos y cumplir con los objetivos a largo plazo. La procrastinación a menudo está relacionada con emociones como el miedo, la ansiedad o el aburrimiento. Identificar las emociones que nos impiden trabajar es esencial para eventualmente buscar formas saludables de manejarlas, como la meditación, el ejercicio o hablar con un amigo o un terapeuta.

    Por último, debemos celebrar nuestros logros y recompensarnos por nuestro trabajo. Esta motivación nos ayuda a continuar trabajando en nuestras tareas y crear un ciclo positivo en lugar de un ciclo de procrastinación.

    Romper el ciclo de la procrastinación puede tomar tiempo y esfuerzo, pero es posible. El chiste es practicar alguna de estas estrategias y encontrar lo que funciona mejor para cada uno de nosotros. Una cultura que perpetúa este ciclo de estrés y procrastinación nos perjudica a todos a largo plazo.