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BANCO DE ALIMENTOS
19/01/2026 04:00

    El 2026 se perfila como un año particularmente complejo para las Instituciones de Asistencia Privada IAP de Sinaloa. Si bien los retos han estado siempre presentes, la combinación de dos factores —la situación económica del estado y el contexto de seguridad— coloca a la procuración de fondos como uno de los desafíos más críticos del próximo año.

    Tradicionalmente, muchas IAP han sostenido una parte importante de su operación a través de eventos: cenas, torneos, carreras, rifas o actividades sociales que, además de recaudar recursos, fortalecen la relación con donantes y aliados.

    Hoy, esa vía está seriamente limitada.. No por falta de empatía, sino por un entorno que genera incertidumbre, miedo y cautela. La seguridad dejó de ser un tema periférico y se convirtió en una variable que condiciona la participación social.

    A esto se suma un segundo factor igual de determinante: la situación económica de las empresas. Muchas atraviesan por ajustes, reducción de márgenes, cautela en inversiones y, en consecuencia, recortes en presupuestos de responsabilidad social.

    No es falta de voluntad; es falta de margen. Las empresas siguen queriendo ayudar, pero hoy lo hacen con más cuidado, más filtros y menos capacidad de compromiso de largo plazo.

    Este doble contexto obliga a las IAP a replantearse seriamente su modelo de procuración. Seguir haciendo lo mismo, esperando resultados distintos, no es una opción. El reto no es menor: se trata de cómo sostener la operación, los programas y el impacto social, cuando las fuentes tradicionales de ingreso están bajo presión.

    El 2026 exigirá instituciones más profesionales, más estratégicas y menos improvisadas. Será indispensable diversificar fuentes de ingreso, fortalecer la procuración recurrente, apostar por donantes individuales, explorar esquemas digitales, campañas permanentes y modelos de corresponsabilidad más sólidos con empresas y aliados.

    También implicará comunicar mejor el impacto, ser más transparentes y demostrar, con datos, que cada peso donado genera valor social real.

    Otro reto clave será interno. Las IAP deberán invertir en capacidades, aun cuando parezca contradictorio hacerlo en tiempos difíciles. Equipos mejor preparados, procesos más claros y gobernanza más sólida no son un lujo; son una condición para sobrevivir.

    En contextos adversos, la confianza se vuelve el activo más valioso, y esta solo se construye con profesionalismo y resultados.

    Finalmente, el 2026 pondrá a prueba la resiliencia del sector social en Sinaloa. No será un año sencillo, pero sí uno decisivo.

    Las IAP que logren adaptarse, innovar y leer correctamente el entorno no solo resistirán, sino que saldrán fortalecidas. Las que no, enfrentarán riesgos reales de sostenibilidad.

    El reto es grande, pero también lo es la causa. En un estado con profundas necesidades sociales, el trabajo de las IAP no es opcional: es indispensable.

    El desafío de 2026 será encontrar nuevas formas de hacer posible lo que hoy parece cada vez más difícil.