Los sofocones

14/01/2026 04:02
    Es incomprensible que el Gobierno mexicano neutralice o encarcele a casi 40 mil presuntos delincuentes y deporte a docenas de capos a Estados Unidos, pero no castigue o investigue a un solo funcionario sospechoso de haberlos protegido. Abundan los nombres.

    Una vez más, la Presidenta logró desactivar la última amenaza estadounidense. Además de celebrarlo, me pregunto si no sería más provechoso que fueran al origen e investigaran, y de ser el caso encarcelaran, a los funcionarios que protegen criminales.

    El Washington republicano reconoce que el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum sí está atacando a los delincuentes y reduciendo el tráfico de fentanilo, pero según The Wall Street Journal, está insatisfecho por la reticencia a combatir a los cómplices de criminales. Tiene razón.

    Es incomprensible que el Gobierno mexicano neutralice o encarcele a casi 40 mil presuntos delincuentes y deporte a docenas de capos a Estados Unidos, pero no castigue o investigue a un solo funcionario sospechoso de haberlos protegido. Abundan los nombres.

    Están las comaladas de los sexenios del PRI y el PAN, y los nombres de políticos cercanos al ex Presidente López Obrador: Manuel Bartlett, Rubén Rocha y Adán Augusto López, entre otros.

    Pero, ¿cómo piensan los mexicanos? Según una encuesta publicada por El Financiero el 5 de enero de 2026, el 80 por ciento desaprueba una intervención de Estados Unidos en nuestro País, pero el 76 por ciento también considera malo o muy malo el desempeño del gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo en el combate a la corrupción y el crimen organizado.

    Las listas no son invención de Trump. En septiembre de 1969 el Presidente Richard Nixon ordenó la Operación Intercepción: revisaron todos los vehículos y personas que entraban por tierra a Estados Unidos y paralizaron la frontera. Exigían más retenes e involucrar al Ejército. No se supo que el chantaje tenía como segundo piso una lista de “20 personalidades mexicanas involucradas en el narcotráfico” (New York Times, 2 de octubre de 1969). No fue necesario llegar a tan incómodos extremos. Gustavo Díaz Ordaz se asustó, México cooperó, Washington se calló y la lista desapareció. En síntesis, siguieron floreciendo los pactos de impunidad y complicidad.

    Desacuerdos públicos como el anterior son anormales. Lo común son las negociaciones discretas seguidas de acuerdos donde todos ganan algo. La Revolución Cubana lo ejemplifica. Pese a los enconos entre Washington y La Habana, México siempre ha encontrado la forma de tener relaciones aceptables con los países en pugna.

    Estados Unidos impuso un embargo feroz, pero México mantuvo relaciones y un puente aéreo con la isla al tiempo que respaldó a John F. Kennedy durante la Crisis de los Misiles y a petición de la CIA, la Dirección Federal de Seguridad fotografiaba a todos los que iban y venían de La Habana.

    Con Trump, los márgenes de maniobra mexicanos se han reducido porque el estadounidense es un virtuoso del chantaje. En 2019 y 2025 utilizó los aranceles pero, después de la intervención en Caracas, se le metió el chamuco militarista y amenazó con intervenciones unilaterales en Colombia, Cuba, Groenlandia y México.

    La Presidenta logró desactivarlo y como pilón obtuvo el permiso de seguir enviando petróleo a la isla. Nadie sabe la cantidad, tiempo o concesiones. Paciencia, el periodismo de investigación vive una etapa dorada.

    No es conveniente relajarse. Trump volverá a lanzar amenazas contra México pues disfruta romper precedentes y hacer demostraciones de fuerza. Sus arrebatos se disparan con algo tan menor como el vestuario inadecuado de Zelensky o por algo más profundo como los archivos de Epstein, el pederasta.

    El siguiente episodio vendrá si las encuestas de intención electoral de noviembre próximo continúan pronosticando victorias demócratas en las elecciones de senadores y representantes. Entonces Trump encabezará y conducirá el coro antiextranjero y antimexicano que responsabiliza a nuestro País de todos sus males. Trump inició su campaña en 2015 advirtiendo sobre la invasión de migrantes y narcotraficantes mexicanos y prometiendo un muro gigantesco.

    Eso me regresa al punto de partida de este texto. Dado lo predecible de los sofocones, la alternativa más lógica y obvia es que la presidenta abandone el pacto de impunidad e inicie, finalmente, una ofensiva contra quienes han dado indicios de proteger criminales.

    Defender corruptos no rima con patriotismo. Combatirlos es la forma más redituable, segura y sustentable de blindar nuestra soberanía.

    Colaboró Dulce Torres Hernández.