Los vínculos que crean el amor y la amistad son prácticamente indestructibles: por eso, la Biblia sentencia que “el amor es fuerte como la muerte” (Cant 8,6).
Un antiguo refrán refuerza esta misma idea: “Amistad fuerte llega más allá de la muerte”. En efecto, los verdaderos amigos comparten una profunda comunión. Incluso, otra máxima señala: “Amigos, más que hermanos”.
El Principito, escrito por Antoine de Saint-Exúpery, expresa gráficamente los vínculos creados por la amistad. En el capítulo 21 existe una bella y metafórica reflexión sobre la amistad entre el zorro y el principito.
Todo inicia con la invitación a jugar que hace el principito al zorro. Éste se disculpa porque no está “domesticado”. El verbo domesticar nos suena repulsivo porque significa domar. Sin embargo, también quiere decir hacerlo doméstico, hacerlo de casa (domus, en latín, significa casa).
Cuando el principito preguntó qué es domesticar, el zorro respondió: “Es una cosa ya olvidada, significa “crear lazos”. El principito rearguyó: “¿Crear vínculos?” Efectivamente, contestó el zorro: “si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo”.
Añadió: “si tú me domesticas, mi vida se llenará de luz. Reconoceré el sonido de tus pasos que serán distintos de todos los demás. Los otros pasos harán que me esconda bajo la tierra. Los tuyos, en cambio, me harán salir de mi madriguera como una música”.
Prosiguió: “Sólo se conocen las cosas que se domestican. Los hombres ya no se dan tiempo para conocer nada. Compran todo hecho en las tiendas. Pero como en las tiendas no venden amigos, los hombres ya no tienen amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!.. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado”.
¿Creo vínculos amistosos?