México en el tablero global: oportunidad o rezago anunciado

02/04/2026 04:02
    ¿Podemos convertirnos en el socio estratégico que Estados Unidos necesita para competir con China? La respuesta podría definir el rumbo económico del País en los próximos años.

    El mundo está cambiando. Estamos frente a una transformación profunda del orden global, quizá la más significativa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Las reglas que durante décadas dieron cierta estabilidad al comercio, a la inversión y a la política internacional están dejando de ser claras. ¿Quién gana? ¿Quién pierde? Cuando estas reglas se difuminan.

    Hoy el escenario internacional se redefine bajo nuevas lógicas (si es que podemos llamarles lógicas): competencia entre potencias, fragmentación económica y una diplomacia cada vez más transaccional, donde el poder ya no sólo se ejerce con armas, sino con aranceles, cadenas de suministro y energía. El propio Foro Económico Mundial lo advierte en su reporte de riesgos globales 2026: la confrontación geoeconómica es el principal riesgo en el corto plazo. Esto no es una advertencia menor, pero es lo que hay.

    Basta observar lo que ocurre en Medio Oriente, donde las tensiones en torno a Irán, Estados Unidos e Israel no sólo tienen implicaciones militares, sino energéticas y económicas. Cada conflicto, cada sanción, cada ajuste en el precio del petróleo termina repercutiendo en las decisiones de inversión en todo el mundo. La geopolítica dejó de ser un tema de cancillerías; hoy es una variable que impacta directamente en la operación de cualquier empresa.

    En este contexto, como bien ha señalado Ángel García-Lascurain Valero, vicepresidente nacional de Desarrollo Económico de Coparmex, entender el entorno internacional ya no es un lujo analítico, sino una condición indispensable para competir. La pregunta entonces es: ¿está México leyendo correctamente este nuevo tablero global?

    Nuestro país se encuentra en una posición privilegiada, pero también exigente. La integración con Estados Unidos no sólo es profunda, es irreversible. Más aún en un momento en el que ese país ha decidido reconfigurar sus prioridades estratégicas, volteando nuevamente hacia el hemisferio occidental. Seguridad, migración, cadenas de suministro y nearshoring son ahora piezas centrales de su agenda.

    Aquí se abre una ventana histórica. La relocalización de cadenas productivas hacia América del Norte coloca a México en el centro de una oportunidad que no se había presentado en décadas. ¿Podemos convertirnos en el socio estratégico que Estados Unidos necesita para competir con China? La respuesta podría definir el rumbo económico del país en los próximos años.

    Pero toda oportunidad viene acompañada de exigencias. Y aquí es donde surge la tensión. Porque mientras el mundo eleva sus estándares, México sigue arrastrando rezagos estructurales: inseguridad persistente, incertidumbre jurídica, debilidad institucional, infraestructura insuficiente y desafíos en materia energética. ¿Podemos aspirar a jugar en las grandes ligas sin resolver estos pendientes?

    Para las empresas, el mensaje es: la geopolítica ya no es un tema lejano, es parte del día a día. Las decisiones de inversión, de expansión, de proveeduría o de exportación están cada vez más condicionadas por factores externos. Las organizaciones que entiendan este entorno, que desarrollen capacidades para anticipar riesgos y que actúen con disciplina estratégica tendrán una ventaja competitiva real.

    Sin embargo, el esfuerzo no puede recaer únicamente en el sector privado. El Estado tiene un papel fundamental. La certidumbre jurídica, la seguridad, la calidad institucional y la infraestructura no son variables opcionales; son condiciones mínimas para que la inversión ocurra. Sin ellas, cualquier oportunidad global se diluye en el camino. Ya mencionamos uno de los tantos ejemplos que podemos dar, en la columna publicada el 23 de octubre del año pasado sobre competir en la adversidad, el reto de los acuicultores sinaloenses.

    El 2026 se perfila como un año decisivo. La revisión del T-MEC, la reconfiguración de alianzas internacionales y la competencia geoeconómica definirán nuevas reglas del juego. México tiene la posibilidad de consolidar un modelo de desarrollo más dinámico, más integrado y más competitivo. Pero también corre el riesgo de quedarse al margen si no actúa con visión estratégica.

    Al final, la pregunta no es si el mundo está cambiando. Eso ya es un hecho. La verdadera pregunta es si México está listo para cambiar con él. ¿Vamos a aprovechar esta coyuntura histórica o la veremos pasar, como tantas otras, desde la barrera?

    En el nuevo orden global no hay espacios para la improvisación. O se juega con estrategia o se queda uno fuera del tablero.