Esto fue lo que dijo Donald Trump en la más reciente Asamblea General de la ONU. Pero, ¿por qué lo apuntó en el escenario de la máxima autoridad diplomática mundial? ¿Por qué lo señaló ante presidentes, primeros ministros o cancilleres de 193 países?
Diferentes especialistas mexicanos en política estadounidense dicen que su mensaje estaba dirigido a los votantes estadounidenses y no porque le interesara resaltar el hecho delictivo ante la comunidad internacional. Es convincente esta interpretación, pero también es muy cierto que los cárteles mexicanos de la droga son una creciente preocupación mundial. Hablemos de lo segundo.
En México hay dos organizaciones delictivas de alcance global: el Cártel Jalisco Nueva Generación y lo que todavía llamamos el Cártel de Sinaloa. Ambos han sido muy golpeados por el actual gobierno de la Presidenta Sheinbaum, pero siguen manteniendo un enorme poder nacional y una significativa presencial mundial. El martes pasado el periodista Sergio Fernández Menéndez en una entrevista radial comentó que esas organizaciones criminales mexicanas estaban presentes en 40 países. Se quedó corto, y por mucho. Antes del secuestro de “El Mayo” Zambada, el Cártel de Sinaloa actuaba de diferentes formas en más de 100 países de los cinco continentes. Incluso ya produce metanfetaminas en Inglaterra, como recientemente lo reveló una información periodística que se dio a conocer en diferentes medios mexicanos.
Es decir, Trump podía haber dicho “México es el epicentro (mundial) de la violencia de los cárteles”, y no se habría equivocado.
Esta es una tragedia, una vergüenza internacional y un enorme problema para México. Pero, a la vez, es una alarma para darnos cuenta del tamaño del desafío que enfrenta tanto la sociedad como el Gobierno de México. Empezando en Sinaloa y Jalisco, los territorios natales de esas poderosas organizaciones globales.
Sinaloa, tanto en lo que va de este siglo, ha padecido dos grandes guerras narcas. La primera que empezó en 2008 y se prolongó con mucha intensidad por lo menos tres años y quizá otros dos con menor estruendo; y la segunda, la actual, que empezó el 9 de septiembre de 2024. No sabemos cuándo este segundo conflicto bélico podría concluir. Una de las razones por las que esto es así, es que ambas fracciones, a pesar de miles de bajas, pérdidas multimillonarias en dólares por decomisos de drogas, laboratorios y armas, encarcelamiento de varios de sus líderes y la enorme presión estadounidense, siguen teniendo tal fuerza, en una Sinaloa cada vez más diezmada, que han tenido la capacidad de sostenerse y tener contra la pared a la población sinaloense, a pesar de la presencia de veinte mil hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas de México.
El hecho de que Sinaloa sea el nido de una de las dos principales y más poderosas organizaciones delictivas del planeta le confiere una importancia estratégica ante la comunidad internacional, principalmente para México y Estados Unidos. Tan es así que este tema nunca había tenido tal relevancia en una asamblea de la ONU.
A pesar de lo anterior, a los partidos y políticos sinaloenses todavía no les cae el veinte de que no pueden seguir actuando como si estuviéramos en una aldea. Los ojos de México y la Casa Blanca han estado observando a Sinaloa como nunca en estos dos últimos años, donde los acusaciones políticas, incesantes comentarios y reportajes, mesas de análisis político en medios periodísticos y académicos de todo el País y de gran parte de Estados Unidos, contra el ex Gobernador Rubén Rocha, nueve funcionarios y políticos de Morena, así como también contra López Obrador y ex miembros de su gabinete, han sido abrumadores, pero resulta que los partidos de Oposición y el mismo Morena, siguen cometiendo los mismos errores de siempre, permitiendo que se les acerquen o ellos mismos se acercan a personajes de los que hay serias sospechas o claras evidencias de una vida cercana a los poderes fácticos.
Uno se pregunta, ¿cómo es posible que en medio de una guerra brutal desatada con el resultado trágico de la muerte de Héctor Melesio Cuén y del secuestro de “El Mayo” Zambada, el capo más poderoso de la historia narcótica de México, -y después de que éste dijera en una carta que el ex Rector de la UAS, creador del PAS y finado Diputado electo, era “un amigo de muchos años” y asistiera a una reunión donde el legendario traficante sería el árbitro de los destinos de la máxima casa de estudios de Sinaloa- todos los partidos de Sinaloa estén buscando las caricias electorales de la creatura partidaria que creó el hombre que convirtió a la UAS en un partido político. El colmo teatral es que el Diputado Mario Zamora, haya invitado al hijo del finado Cuén a que viera la curul que hubiese ocupado su padre, con la evidente intención de convencerlo de que procure que el PAS se alié con el PRI (¿y el PAN?). Zamora, Paola Gárate y demás priistas, panistas y emecistas han señalado duramente que Morena recibió el apoyo político del Cártel de Sinaloa en las elecciones de 2021, ¿el PAS no? Todos acusan a Rubén Rocha y a Morena. ¿Cuál fue el papel de Cuén y el PAS, decorativo?
¿Con esta simulación de los partidos políticos que podrá cambiar en Sinaloa con las elecciones de 2027?
Hagan sus pronósticos. Los míos no son optimistas.