No podemos soslayar el realismo político de la entidad, por el contrario, si queremos ser objetivos en nuestros juicios tenemos que partir de la realidad sin concesiones, a eso estamos obligados los que tenemos el privilegio de contar con un espacio en un periódico que se caracteriza por informar con objetividad, esa es su mística y sus colaboradores nos ceñimos a ella, acatando los postulados de su código de ética.

    Vamos a ver cómo se comportan a la hora de convencer a los electores los candidatos de los partidos políticos que compiten en esta campaña, que apena comienza en su tiempo oficial. Por lo que hemos visto en la precampaña, deducimos que no habrá sorpresas dignas de subrayar, no vemos por ninguna parte candidatos con las agallas para agitar a los ciudadanos, fuera de las peroratas sosas y vacuas de siempre que no logran convencer a los electores.

    Estos, en su inmensa mayoría, están muy despiertos y no creen en el discursos desgastados y demagógicos de los partidos tradicionales, que tienen muchas cuentas pendientes con los ciudadanos, los cuales conocen demasiado bien su actuar en la función pública. Lo que más reprueba la ciudadanía de estos partidos de siempre es su reiterada corrupción y opacidad manifiesta, su desmedida ambición en lucrar con los puestos que la ciudadanía les confía; eso se acabó, los partidos coaligados van a cosechar lo que han sembrado con largueza entre los electores, quienes les van a cobrar todas sus trapacerías cometidas.

    Ahora el interés ciudadano tiene mucho que ver con el planteamiento bien fundamentado y cierto de la concreción de la agenda social en hechos tangibles y no en palabras. Por eso los políticos, sobre todo los que duraron décadas en el poder, no tienen credibilidad en el electorado. Siempre defraudaron a los ciudadanos como servidores públicos, demostrando solo una característica: ser muy cortos de miras con los ciudadanos y tener muy largas las uñas.

    Esas prácticas son las que han dejado huella en la mente de los ciudadanos, quienes caracterizan a los políticos tradicionales de la peor manera.

    En esta elección que culmina el 6 de julio, los ciudadanos van a poner a esos partidos políticos en el lugar que merecen por tan larga tradición de presidir gobiernos fallidos, con graves deméritos y perjuicios a los ciudadanos; estos han decidido mandar a esos políticos y a sus personeros al basurero de la historia.

    Lo que la ciudadanía quiere ahora son políticos de nuevo tipo, comprometidos con la solución de los grandes (y cotidianos) problemas regionales. Quiere oír sus propuestas de solución al problema del medio ambiente, su fórmula para resolver los problemas del campo y la pesca, las soluciones en salud, educación, empleo, seguridad, que impactan directamente en la población. Incluso los candidatos progresistas, favorables al cambio democrático que vive el país desde 2018, están obligados a demostrar en los hechos que hay un nuevo estilo de gobernar, a favor y junto al pueblo. “Hechos no palabras”, como decía el General Francisco J. Múgica, es lo que exigen aquí y ahora los ciudadanos.

    Hoy los gobernantes de todos los niveles tienen que demostrar su apego irrestricto a los intereses de “los de abajo”, como llamó Mariano Azuela a las capas sociales mayoritarias de la sociedad, poniendo los intereses de los desposeídos en primer lugar. Se acabó el espacio para los políticos falsarios, esos que decían una cosa y hacían otra completamente distinta. Hoy están sujetos los políticos a servir con estricto apego a los intereses sociales de la mayoría de la población, si no cumplen con las expectativas ciudadanas pasarán sin pena ni gloria.

    Decía el maestro Cosío Villegas que “la política era servir al pueblo con eficacia y lealtad”. Es muy sencillo gobernar obedeciendo, se requiere convicción política y un estrecho contacto con el pueblo, cogobernar con él, que tiene grandes reservas morales y una innata sabiduría.

    Los ciudadanos de este país están conscientes del cúmulo de retos que las circunstancias actuales exigen a la clase política, no hay lugar para los políticos logreros o acomodaticios, la nueva realidad mexicana que se ha ido delineando a partir de junio del 2018 es enteramente nueva y exige una mística de servicio a toda prueba, sin medias tintas.