Muchas gracias, don Miguel

EL OCTAVO DÍA
04/10/2026 04:02
    Soy Miguel de Cervantes Saavedra y quise irme a vivir al Soconusco en la Nueva España pero el rey no me respondió. Fui soldado en la batalla de Lepanto y ahí recibí una herida en el brazo y una mano se me quedó engarrotada

    Mi nombre es Abel Quezada y de niño mi padre me ponía a leer en público el Quijote para corregir mi tartamudeo. Al decir en público me refiero mi casa en medio del desierto de Coahuila y ante un público formado por mi familia y algunos vecinos ociosos, todas las noches después de cenar.

    Cuando mi padre invitó a unos vecinos que tenían una hija güerita, muy guapa, mi tartamudez se corrigió de inmediato, bueno, poco a poco... Lo malo es que no avancé mucho y la güerita se casó con un doctor que lo mismo nos curaba nosotros que a los caballos.

    Me volví caricaturista, me peleé con el Presidente Díaz Ordaz, y fui director de un canal de televisión un solo día porque salí mal con una hermana de otro Presidente, López Portillo.

    Soy famoso porque un 3 de octubre como el de ayer, pero de 1968, mi caricatura salió totalmente en negro en la prensa nacional. Fue un acto inspirado por el Quijote y ganas de no quedarme callado, arremetiendo así contra un gigante de mil brazos que yo sólo podía ver.

    Mi nombre es Graham Greene. Soy escritor inglés nacido un 2 de octubre. Hubo un tiempo que fui muy leído y mi nombre se mencionaba para el premio Nobel de literatura. No me lo dieron al parecer porque se consideraba que mis novelas policiacas, como El tercer hombre, quitaban seriedad al resto de mi obra.

    Fui amigo de García Márquez y Fidel Castro. Leí El Quijote de niño en los clásicos Penguin. Tengo una novela que se llama Monseñor Quijote y narro los viajes de un cura con un alcalde comunista por la España de Franco.

    Léela y estoy seguro que los diálogos entre ambos les divertirán.

    Yo soy Heriberto Frías y fui soldado del ejército mexicano durante el porfiriato, egresado del Colegio Militar. Eso no me convierte en porfirista. Me tocó ver grandes e injustas masacres en el estado de Chihuahua. Como soy lector de el Quijote cometí la quijotada de denunciarlas en un libro: Tomochic.

    Se me armó consejo de guerra y tuve que dedicarme el resto de mi vida al periodismo. Como saben todos los que lo han ejercido en México, si lo haces honradamente no es negocio.

    Mazatlán, ciudad donde me refugié, me recuerda con una calle céntrica. Yo le hice a esta ciudad un libro que se llama “Mazatlán: el triunfo de Sancho Panza” donde cuento los años en que fui aquí reportero y director de El Correo de la Tarde.

    Me llamo Antonio Alatorre. Si tienes más de 30 años leíste mi nombre en tus libros de primaria porque yo ayudé a hacer los textos de los libros de español. Si te tomaste la molestia de leer el prólogo, ahí te cuento que soy de un pueblo de Jalisco que se llama Autlán.

    En ese pueblo mi madre nos leía el Quijote por las noches bajo un foco amarillento, a duras penas. Esa imagen de mi madre hablando con la voz de Cervantes me persiguió toda mi vida.

    Ahora soy filólogo, amo la lengua castellana y tengo un hermoso libro sobre su historia.

    Soy Alejandro Quijano y también una calle de Mazatlán que antes se llamaba Fortín y hoy la ubican más por una funeraria. Fui presidente de la academia mexicana de la lengua, de la Cruz Roja y muchas otras cosas y tengo un libro sobre El Quijote que ya nadie consigue.

    Hola yo soy Cantinflas y personifiqué al Quijote, aunque en calidad de un Sancho Panza a la mexicana.

    Mi nombre es Jacobo Zabludovsky y mi padre era vendedor a crédito de géneros al detalle -o sea abonero de recortes en La Lagunilla- y nos leía el Quijote y mencionaba a cada rato sus frases.

    Soy Eulalio Ferrer, publicista y realicé a los mejores comerciales de la televisión mexicana (¡aunque anunciaban el brandy don Pedro!), y soy tan fanático del Quijote que hice un museo en Guanajuato con las estatuas del Quijote que coleccioné toda mi vida.

    Soy Orson Welles y por más esfuerzo que hice nunca pude terminar de filmar una versión de la novela de Cervantes... A veces pasan en la tele algunos fragmentos sobrevivientes.

    Me llamo Jules Massenet e hice un ballet con el Ingenioso Hidalgo que sigue representando con éxito.

    Soy Miguel de Cervantes Saavedra y quise irme a vivir al Soconusco en la Nueva España pero el rey no me respondió. Fui soldado en la batalla de Lepanto y ahí recibí una herida en el brazo y una mano se me quedó engarrotada.

    Soy Alonso Quijano y según Cervantes, tengo un lunar lleno de cabello con todo y canas en la nuca y eso es muy español, ¡quizá con eso y a tomar por saco esa afirmación, que vive Dios que me espanta tanta grandeza, malasangre con quien describa la forma de mi espalda!

    Soy Aldonza Lorenzo y según Cervantes tengo el rostro amondogado, o sea, como si fuera un plato de menudo sinaloense sin grano o pancita chilanga sin el caldo.

    Soy Ginés de Pasamonte, persona de la vida real, y Cervantes se vengó de mi poniéndome en su novela como un ladrón.

    Soy Don Quijote de la Mancha y NUNCA DIJE “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”.

    Soy lector del Quijote y en la cifra de mi nombre somos uno solo, el otro y el mismo, como decía Borges.

    Soy el que soy. Soy un habitante de La Mancha, en un lugar de cuyo nombre no puedo olvidarme.

    Somos la suma de los libros que hemos leído. Y por esos somos unos Quijotes contra la avasallasante realidad y la irrealidad irresponsable de algunas redes sociales. Leer nos aleja de la estulticia y de la injusticia, aunque no de las consecuencias de otros que las arrastran.

    Que eso no nos suceda. Defendámonos con más de un libro.