En 1967, Federico Pérez Flores, oriundo de Los Mochis pero criado en Culiacán (y hermano de Roberto Jordán), se convirtió en el primer sinaloense en jugar futbol profesional en México. Lo hizo con el Atlante, el mismo que ahora compró al Mazatlán FC y se lo llevó a la capital de la República. Eduardo Ramos, nacido en Mazatlán, fue el segundo. Se puso la casaca del Toluca en 1968. Después, en 1976, aparecieron Antonio Garcés y Sergio Rubio con el Atlético Español.
Otros sinaloenses más tardarían en llegar, pero a partir del inicio de este siglo llovieron copiosamente, hasta convertirse desde hace varios años en la tercera cantera de futbolistas profesionales en la Liga MX.
Aunque los primeros equipos de futbol sinaloense ya se habían formado en 1922 en Mazatlán, varios años antes que Culiacán, tuvieron que pasar más de cuatro décadas para que en Guadalajara y el Distrito Federal, las mecas del futbol mexicano, se dieran cuenta que en Sinaloa también se trataba bien al balón. Y es que a nuestro estado sólo se le identificaba con el beisbol. Platican jugadores mazatlecos que en los 80 llegaban a Guadalajara para que les dieran una oportunidad de jugar en un equipo profesional y al decir que provenían de Sinaloa les decían: “los campos de beisbol están allá enfrente”. En efecto, no fue fácil aceptar que al norte de Nayarit también se jugaba buen futbol.
Bueno, pues parece que los dueños y directivos del Mazatlán FC tampoco se dieron cuenta que, en Sinaloa, a pesar de que Jared Borghetti, “El Maza” Rodríguez, Omar Bravo, Paul Aguilar, Héctor Moreno y decenas de jugadores oriundos de este estado ya habían pasado con mucha gloria por el futbol profesional mexicano y europeo, eran uno de los tres mejores surtideros de futbolistas profesionales en el País, porque en sus filas enrolaron a muy pocos en los seis años que el club sudó en el puerto.
Esa es una de las evidencias de que, a los propietarios del Mazatlán, particularmente al señor Salinas Pliego, no les interesaba descubrir e impulsar a los talentos locales sino, simplemente, hacer negocios.
El 17 de abril de 2022, durante el Primer Coloquio de Futbol del Noroeste de México, celebrado en la Universidad del Mar y la Sierra, en La Cruz de Elota, el entonces presidente del Mazatlán FC, Mauricio Lanz, lo dijo claramente: “Nuestro negocio es comprar jugadores y después venderlos mejor”. Y así fue.
Por la cancha de El Kraken y después El Encanto, pasaron jugadores como “El Chino Huerta”, Andrés Montaño, Camilo Sanvenzza y Luis Amarilla, para sólo dar unos ejemplos, y justo cuando más frutos rendían, los ponían a la venta. Es decir, a sus mejores jugadores los vendían con creces. Obviamente esta política mercantil debilitó constantemente al equipo.
Esta es la verdadera razón por la que el Mazatlán FC no pudo permanecer en el futbol profesional mexicano. La filosofía de negocios de Salinas Pliego hundió al Morelia, daño profundamente al Atlas y ahora destruyó a los Cañoneros.
Quirino Ordaz le puso la cama tendida con un estadio de lujo que no le costó nada al dueño de TV Azteca y Elektra, y le dio todas las ventajas para que se instalara un equipo profesional en el puerto. Al ex Gobernador no le fue nada mal con ese acuerdo porque centenas de turistas del futbol que provenían de La Laguna, Guadalajara, Monterrey, Ciudad de México y de otras partes del País para ver los encuentros del Santos, Chivas, Rayados, América, Cruz Azul, Pumas y otros equipos se hospedaban en sus hoteles. Y lo mismo sucedía con otra hospederías y casas de renta turística que se colmaban con los fanáticos de los equipos visitantes. Es decir, turísticamente fue un acierto tener a un equipo profesional de futbol en Mazatlán pero deportivamente fue un fracaso. Los Cañoneros nunca jugaron una Liguilla; es decir, nunca pasaron a las finales de un campeonato. Si también hubiese habido éxito deportivo, Salinas Pliego no vende al equipo.
Es muy cierto que la inseguridad ha afectado todo tipo de negocios en el estado, pero no es, como dice Ricardo Salinas, la principal razón de que el estadio tuviera mejores entradas. Cuando las Chivas o el América visitaban a los Cañoneros el estadio se llenaba porque venían muchos turistas y porque miles de locales e incluso de otras ciudades del estado abarrotaban las gradas. De hecho, en la última visita de las Chivas, cuando la guerra se había intensificado en Escuinapa, los tapatíos inundaron con sus playeras el Malecón y otras calles del puerto. No, no fue la inseguridad y la incertidumbre la que no hizo financieramente factible al Mazatlán FC, fueron los marcadores adversos del equipo. Y no podía haber de otra ante una política gerencial confrontada con una filosofía deportiva que pensara primero en el futbol y darle alegría a su público.
No deja de ser una paradoja que la tercera cantera de futbolistas profesionales mexicanos, y que en varios años brindó más jugadores a la Selección Mexicana, como es Sinaloa, ya no tenga representación en la máxima división. Ni siquiera Nuevo León, con dos equipos profesionales, produce tantos jugadores de talento.
Ni modo, diría Juan Charrasqueado, Mazatlán, y antes Culiacán, se quedaron sin la gran fiesta del Juego del Hombre, como decía Ángel Fernández, el mejor cronista que ha tenido el futbol mexicano, aunque el Gobernador Rocha Moya hace gestiones para traer a Mazatlán una división de Los Dorados, que al parecer regresan a Culiacán. Ojalá.