Necesitamos más de esto

03/11/2026 04:02
    Durante los últimos años hemos hablado mucho de reconstruir el tejido social, recuperar la paz y atender las causas de la violencia, sin embargo, pareciera que nuestra urgencia por encontrar soluciones nos ha llevado a exigir resultados inmediatos incluso de aquellos problemas que tardamos décadas en construir, queremos recuperar la seguridad mañana, transformar la educación el próximo ciclo escolar y cambiar las condiciones de nuestras comunidades antes de que termine una administración, pero los cambios sociales profundos no funcionan así

    En medio de tantas noticias que nos recuerdan las dificultades que atravesamos como sociedad, también suceden cosas que merecen nuestra atención, no solamente porque representan buenas noticias, sino porque nos muestran caminos que vale la pena recorrer.

    El Nido, el proyecto deportivo impulsado por Amado Guzmán y RedPetroil en Mazatlán y el trabajo que organizaciones como Foden realizan acompañando a niñas, niños y familias mediante programas de alimentación, educación y desarrollo comunitario, lo son. Son esfuerzos distintos, con alcances y características propias, pero comparten algo fundamental, la convicción de que podemos intervenir positivamente en las condiciones en las que crecen las nuevas generaciones y necesitamos más de esto.

    Durante los últimos años hemos hablado mucho de reconstruir el tejido social, recuperar la paz y atender las causas de la violencia, sin embargo, pareciera que nuestra urgencia por encontrar soluciones nos ha llevado a exigir resultados inmediatos incluso de aquellos problemas que tardamos décadas en construir, queremos recuperar la seguridad mañana, transformar la educación el próximo ciclo escolar y cambiar las condiciones de nuestras comunidades antes de que termine una administración, pero los cambios sociales profundos no funcionan así.

    Una niña que hoy encuentra en el deporte un espacio de pertenencia quizá no comprenda todavía la importancia que tendrá esa experiencia dentro de 20 años, un niño que recibe acompañamiento educativo posiblemente no alcance a dimensionar cómo esa oportunidad modificará sus decisiones futuras y una comunidad que comienza a reunirse alrededor de una cancha quizá tarde años en reconocer los vínculos de confianza que está construyendo, y eso no significa que debamos renunciar a medir resultados, significa que necesitamos aprender a distinguir entre los resultados inmediatos y las transformaciones que solamente pueden observarse con el paso del tiempo.

    El deporte tiene una capacidad extraordinaria para reunirnos, nos enseña a reconocer reglas, trabajar con otros, administrar la frustración, celebrar el esfuerzo y comprender que nuestra participación tiene consecuencias para quienes nos rodean, pero su valor no termina en la competencia ni en el marcador y lo mismo sucede con la cultura, una clase de música, un taller de teatro, una biblioteca o una experiencia artística pueden abrir posibilidades que antes ni siquiera formaban parte de nuestro imaginario.

    La educación, la alimentación y el acompañamiento emocional contribuyen a que esas posibilidades no se queden solamente en aspiraciones.

    Por eso resulta tan importante reconocer iniciativas como las que hoy están desarrollándose en Mazatlán, no porque debamos atribuirles la responsabilidad de resolver nuestros problemas, sino porque representan una forma concreta de participar en su solución y aquí aparece una responsabilidad que debemos asumir colectivamente.

    Las empresas tienen una capacidad de organización, inversión y convocatoria que puede contribuir enormemente al desarrollo comunitario, las organizaciones civiles poseen experiencia, conocimiento del territorio y relaciones construidas durante años, las instituciones educativas pueden aportar herramientas y formación y los gobiernos tienen la responsabilidad de generar condiciones para que estos esfuerzos prosperen, se articulen y permanezcan, pero necesitamos que esa colaboración trascienda el entusiasmo de una inauguración, la fotografía de un evento o la satisfacción de haber cumplido una meta anual.

    Necesitamos proyectos que puedan sostenerse durante 10, 15 o 20 años.

    Y eso implica pensar de otra manera, diseñar programas con continuidad, formar equipos, establecer mecanismos de financiamiento, evaluar lo que funciona y corregir lo que no, significa comprender que abrir un espacio es apenas el principio y que mantenerlo vivo requiere un compromiso mucho mayor, también significa aceptar que no todos los resultados serán visibles, que habrá errores, que algunos esfuerzos no producirán los cambios esperados y que tendremos que aprender de ellos, porque apostar por el largo plazo no es simplemente tener paciencia, es asumir una responsabilidad sostenida.

    En una sociedad acostumbrada a vivir entre emergencias, quizá una de nuestras mayores dificultades sea precisamente recuperar la capacidad de imaginar el futuro, pensar más allá de la próxima crisis, de la siguiente elección, del cierre del año o de los indicadores del mes, no podemos permitir que la urgencia por resolver el presente nos impida construir las condiciones de un futuro diferente.

    Por supuesto que necesitamos respuestas inmediatas frente a la violencia y la inseguridad, hay vidas que proteger, derechos que garantizar y responsabilidades que exigir hoy, pero esas obligaciones no sustituyen el trabajo de largo plazo, ambas cosas deben suceder al mismo tiempo.

    Un torneo, una cancha, un comedor, una escuela o un taller cultural no son soluciones mágicas, son oportunidades y cuando esas oportunidades se multiplican, se conectan y permanecen, pueden convertirse en parte de una transformación mucho más profunda, tal vez dentro de veinte años no recordemos quién ganó un torneo o quién cortó el listón de una inauguración, pero habrá personas cuyas vidas habrán sido distintas porque alguien decidió invertir en ellas cuando eran niñas o niños.

    Esa es una de las apuestas más importantes que podemos hacer como sociedad, trabajar por resultados que quizá no nos corresponda celebrar.

    No todo puede ser para mañana, algunas de las cosas más importantes que podemos construir hoy están destinadas a dar frutos mucho después y precisamente por eso debemos comenzar ahora.

    Gracias por leer hasta aquí, nos leemos pronto.

    Es cuánto.