Rosario, Sinaloa, ha sido cuna de nacimiento de grandes personajes en distintos ámbitos sociales. A nivel popular, destaca la cantante Lola Beltrán considerada como la reina de la música ranchera. En el espacio literario, los paisanos de Lola presumen a Gilberto Owens y a Enrique Pérez Arce, entre otros.
Los rosarenses también ensalzan la nacencia de Pablo de Villavicencio, destacado escritor, político y periodista; al igual, cuentan entre sus notables a Teófilo Noris, considerado el niño héroe ignorando, pues a la edad de 16 años, participó en la defensa del Castillo de Chapultepec, el 12 de septiembre de 1847.
El municipio bañado por el río Baluarte, a las faldas del Cerro de El Yauco, también cobijó a don Carlos Hubbard Rojas, quien en vida, se destacó por su prolífica labor ciudadana, en virtud de su quehacer como periodista, escritor y promotor de obras sociales.
Entre los retoños de don Carlos Hubbard Rojas y su esposa, doña Rosalva Urrea Murray, se destacó el embajador en retiro, Enrique Hubbard Urrea, recientemente fallecido.
Enrique fue una figura importante dentro de la diplomacia mexicana, ocupando la titularidad de consulados en diversas entidades de EU y las embajadas en Belice y en Filipinas. Su carrera consular inició, se desarrolló y terminó por su profesionalismo. En ningún momento se apoyó en el favor político, como ahora se acostumbra.
Hubbard Urrea también marcó huella como docente en distintas universidades del país y nos legó tres libros.
Enrique tuvo una vida muy fructífera para el país y para su familia; a pulso se ganó un lugar dentro de la galería de los orgullos sinaloenses. Descanse en paz, el apreciado “Emba”.
Y desde el antiguo mineral de El Rosario, nos encaminamos hacia la pretendida reforma electoral que promueven los de la 4 T, encabezados por la Presidenta Claudia Sheinbaum, quien le asignó a Pablo Gómez la tarea de afinar el proyecto de sacar un nuevo enmarque para los procesos electorales, contemplando entre otras cosas, la reducción del costo de los mismos y la eliminación de los representantes plurinominales en los tres niveles de gobierno; también se plantea la eliminación de los órganos electorales estatales y por supuesto, y a conveniencia de los que ahora dominan el sistema gubernamental, darle un cambio a la integración del INE.
Hablar de reducción del gasto electoral, suena muy bien ante el oído popular, pero también implica riesgos, ya que, de concretarse tal intención, para el caso del financiamiento de los partidos, por ejemplo, sin lugar a dudas, se incrementaría el flujo de dinero salido de las bolsas negras que llegan a las arcas de los institutos políticos para financiar, principalmente, sus campañas políticas; justo la vía por la que la delincuencia organizada ha ganado espacios dentro del propio sector gubernamental.
También se habla de eliminar a los legisladores plurinominales, los que en teoría, cumplen la representatividad de las minorías, pero que, en la práctica, solo han servido para el acomodo de gente ligada, por distintas razones, hasta de cama, con los dirigentes partidistas. Bien harían los reformadores definir que dichas posiciones se otorguen a los que ocupen un segundo lugar en los comicios respectivos.
Lo que sí preocupa de este movimiento reformador, es que el INE pierda su autonomía y pase al control gubernamental y que en una de esas, se nombre como nuevo titular de dicha institución a Manuel Bartlet, un experto en fraudes electorales para favorecer a los favoritos del gobernante en el poder. Cierto que la Presidenta Sheinbaum ya le corrigió la plana a su comisionado Pablo Gómez, quien abiertamente se manifestó en contra de la autonomía del órgano electoral; esperemos que la negativa presidencial se mantenga.
No dan paso sin huarache, reza el dicho y al pie de la letra lo toman los políticos, de tal suerte, que de la pretendida reforma electoral, los de la 4 T van por algo, más allá del interés general ¡Buen día!