No permitamos el asalto a la Corte
Viva el último equilibrio que resiste
sicairos6204@gmail.com
-
A ningún mexicano que profese amor a la Patria le debe molestar el equilibrio entre poderes que hoy ejerce a contracorriente la Suprema Corte de Justicia de la Nación para moderar las tentaciones autoritarias del Ejecutivo federal, que preside Andrés Manuel López Obrador, y el Legislativo que con la mayoría del partido Movimiento Regeneración Nacional se ciñe a las órdenes presidenciales y toma distancia de la voluntad popular. Celebremos porque a pesar de la ofensiva desde Palacio Nacional y San Lázaro, el Poder Judicial resiste.
Los ministros de la Corte que se instalan como muro de contención de las decisiones autoritarias de López Obrador son objeto de la misma andanada de ataques que reciben los factores sociales, económicos y políticos que tratan de enderezar la transformación mexicana hacia puerto seguro, alejada de distorsiones que afectan lo fundamental, aquello que ha sido edificado por la tenaz lucha ciudadana. Ofensas, mentiras, calumnias y furia prefabricadas contra quien ose desafiar al todopoderoso Mandatario nacional.
Actualmente, derivado de que la SCJN le echó atrás al Presidente el llamado “Plan B” de reforma electoral, consistente éste en el paquete de iniciativas que le recortaba el presupuesto al Instituto Nacional Electoral, realizaba cambios en los procesos de organización comicial y les acotó a las autoridades electorales facultades de sanción, el aparato gubernamental despliega la campaña de descalificación para hacerles creer a los mexicanos la inviabilidad moral del máximo tribunal.
“El Poder Judicial está podrido”, dijo el Presidente López Obrador; “al tratarse de un poder derivado, sin legitimación popular, la SCJN no debe restringir las atribuciones que la norma fundamental concede al Poder Legislativo”, reaccionó la Presidencia de la República; “la Suprema Corte decidió seguir protegiendo intereses particulares”, dijo el Secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, y el coordinador de la bancada de Morena en la Cámara alta, Ricardo Monreal Ávila, amagó con “este Senado o el Congreso nombra a los ministros de la Corte y tenemos la facultad de citarlos a comparecer y también tenemos un recurso que es el juicio político”.
Paradójicamente, los que exigían la función plena de los poderes como fiel de la balanza interinstitucional son los mismos que postulan que López Obrador concentre atribuciones parlamentarias y judiciales propias de las mafias políticas y la corrupción organizada que habitaron las cloacas de la llamada “dictadura perfecta” mexicana. ¿Retornar a los tiempos del Estado como único propietario de lo que se mueva, sienta o diga en el País?
Por lo pronto los morenistas van con todo a la demolición del único pilar libre que queda, en la demencial intención por subordinar todo el entramado institucional a las órdenes del Presidente. Para el asombro popular, la izquierda política que durante los regímenes del PRI y PAN desgañitó por la cínica abyección de los poderes Legislativo y Judicial hacia el Ejecutivo, es la misma que hoy escenifica el más vil de los sometimientos.
La Corte es la única que da la pelea antes de que el inquilino de Palacio Nacional lo mimetice todo en el abuso del poder, vieja distorsión política por la cual hay víctimas, derramamiento de sangre y costos sociales invaluables. La concentración del dominio en uno solo significa autoritarismo, a ras de dictadura. Cuando la división de poderes se debilita sobreviene sin duda la caída de libertades, garantías y paces.
Los mexicanos debiéramos atrincherarnos al lado de cuestiones que necesitan de la defensa colectiva y que a los ciudadanos de bien les resultan cruciales para el resguardo de libertades y todo derecho cardinal. La presente coyuntura nos requiere unidos sin más vínculo que el de ciudadanos decididos a lograr que al Poder Judicial siga autónomo como condición indispensable para resolver los asuntos que le competen, sin presiones ni pagar consecuencias de revanchismos y persecuciones de tipo político.
Para qué invocar el absolutismo priista y panista, ahora reeditado por Morena, cuando se creía que avanzábamos al esquema democrático donde un poder detiene los excesos de otro poder. No esperábamos de usted, Presidente López Obrador, que sucumbiera a seducciones de dominación absoluta. Por tal distorsión de la 4T, así como nunca debimos permitir el secuestro del Legislativo perpetrado por el Ejecutivo, ahora vamos a defender a la Suprema Corte como el último bastión del Estado de derecho en México.
La aniquilación de la SCJN será evitada por la acción social, nadie lo dude. La embestida gubernamental es uno más de los estertores de la adicción política por la tiranía, esa manía una y otra vez derrotada por la enjundia cívica. Por ello siempre que despertemos corroboremos que el Poder Judicial autónomo siga aquí como aliado de los ciudadanos.
En salvaguarda de la Corte,
Decreta el pueblo huraño,
No hay México que soporte,
Venganzas de ese tamaño.
A propósito de la justicia, entre mayor acción legal reclaman los perjudicados por el fraude multimillonario cometido por Inverplux en Sinaloa son menos las posibilidades de que sean detenidos los culpables y recuperen su dinero los afectados. Para colmo de males, ayer se incendió en el centro de Culiacán el edificio donde se ubicaban las oficinas de la empresa timadora, mismo que estaba bajo resguardo de la Fiscalía General del Estado. ¿Mera casualidad o acción concertada? Al menos esperemos que las evidencias hayan sido recuperadas.