Por qué alguien decide correr un maratón, pregunté a ChatGPT y me dio varias opciones: superación personal, disciplina, poner a prueba los límites, sentido de logro, transformación personal, salud y bienestar, control y autonomía, reto intelectual, pertenencia, memoria y significado, competencia, placer, narrativa personal y, agregó al final: Hay además una razón psicológica particularmente interesante: el maratón convierte el futuro en una obligación presente.
Pregunté además sobre la soledad en el maratón y encontré frases de personas que han corrido sintiéndose completamente solas: “el maratón es una experiencia colectiva que, en su núcleo, es profundamente solitaria”, se dijo.
Quienes me conocen bien saben que suelo repetir que “la vida son trayectorias”. Regresé en el tiempo a buscar cuándo lo dije por vez primera y por qué; no recordé lo primero, pero sí lo segundo. Para mí, una trayectoria es un recorrido consistente en el tiempo; justo como un maratón. En el maratón hay ruta, hay reglas, hay una idea y una práctica perfectamente coherentes entre lo que se busca y lo que se hace para conseguirlo.
Esta mañana del 28 de septiembre de 2026 es para mí un momento de un largo, largo, largo maratón personal; pero es un momento esplendoroso y extraordinario. Es más, es un momento extraño para un maratonista porque hoy confirmamos aquí no solo que estamos haciendo una trayectoria colectiva, sino que estamos haciendo una carrera que, en el fondo, es una lucha colectiva por la vida.
La meta parece decir seguridad ciudadana porque eso estamos promoviendo y construyendo, pero lo hacemos porque tenemos un motivo profundo y hermoso: vivir libres de riesgos, daños y temores. Es pues un maratón por la vida.
La primera y segunda convocatorias ya tienen detrás el compromiso de centenas de personas que se han involucrado y muchas más que lo harán a partir de ahora. Pedí a la coordinadora de esta iniciativa que preparara una lista de agradecimientos a las instituciones y personas que han apoyado o lo están haciendo y, en efecto es una fotografía de un extraordinario maratón colectivo.
Termino con esto. La crisis de violencias, delincuencia, violaciones graves a derechos humanos e impunidad es mucho más que una crisis de seguridad, es un creciente desgarramiento civilizatorio que nos aprisiona cada vez más de mil maneras, pero, más que ninguna otra, a través del miedo. Ese miedo con el que tanta gente sobrevive más que vive, viene convirtiéndose en el sino de nuestros tiempos, justo porque funciona como la más eficaz herramienta de control social.
La convocatoria de reconocimiento a las buenas prácticas en seguridad ciudadana puede ser vista como un acto de liberación en comunión, según enseñó Paulo Freire; es un desafío ante toda idea y proyecto político que amplía los márgenes intrusivos de la seguridad y de los aparatos penal y militar, a costa del ejercicio de nuestros derechos fundamentales.
Para nosotras y nosotros, la seguridad es el resultado del mayor ejercicio posible de los derechos y libertades, nunca al revés.
En nuestra casa, la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, nos damos la mano hoy, en un acto en comunión que hace del pensamiento crítico, el discernimiento y la educación con compromiso social, una fuerza imparable de acción colectiva para andar nuestro maratón que es, en realidad, por la vida, sin miedos, por la vida en libertad.
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El autor es especialista en seguridad ciudadana y reforma policial en México y América Latina; académico y coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana.