Con el tema de la columna de ayer, donde hicimos un recuerdo del licenciado Francisco Gil Leyva, quien nació en El Fuerte el 16 de julio de 1922 y falleció en Culiacán el 14 de julio de 1985, recibí un comentario de un gran amigo mío, Juan de Dios Aguirre, quien en breves palabras observó que Gil Leyva era exigente con las tareas, pero también valoraba los esfuerzos para corregir las fallas o errores.
La columna periodística de Francisco Gil Leyva, titulada: “Aquí entre nos”, que escribió en El Sol de Sinaloa de 1977 a 1984, era muy leída. Por eso, Juan de Dios Aguirre me hizo llegar ayer este comentario:
“A propósito del artículo de hoy, el Lic. Gil Leyva me dedicó dos columnas muy fuertes en 1983: una cuando era Director de la Escuela de Tránsito y otra como Delegado de Autotransporte Federal, por un accidente muy grave de Transportes Norte de Sonora”.
Sin embargo, precisó que Gil Leyva también sabía reconocer los logros, y me envió un escrito de su puño y letra con una calurosa felicitación:
“Para el Ing. Juan de Dios Aguirre, quien logró el apoyo unánime de los Jefes Policiacos para mejorar y profesionalizar la acción del Policía. Cordialmente, Gil Leyva (El autor), Culiacán, Sept. 10-83”. Por eso, agregó Juan de Dios, valoro mucho este comentario.
Nunca es tarde para reconocer logros, o para emprender una nueva meta. Esto lo aprendió Gil Leyva de la experiencia de su padre, Francisco N. Gil Ontiveros, quien procreó nueve hijos (seis mujeres y tres hombres), y a los 15 años fue habilitado como maestro rural, pero hasta los 51 inició sus estudios medios y culminó la carrera de Derecho el 21 de diciembre de 1951, a los 61 años.
¿Aprovecho las oportunidades?