Otra Semana Santa en narcoguerra
Ir a vacacionar o prolongar el miedo

OBSERVATORIO
01/04/2026 04:02
    Al igual que fue en Semana Santa de 2025, resulta complicado decidir entre darle el voto de fe a la fuerza pública desplegada a lo largo y ancho de Sinaloa, o mantenerles el bono del miedo a sicarios del narcotráfico cuyo cese al fuego se tornó una quimera.

    Hoy empieza a correr una nueva cuenta regresiva en Sinaloa en materia de seguridad pública, pues dependerá de las condiciones de tranquilidad que se logre o no el flujo de 500 mil turistas a Mazatlán y de 2 millones 600 mil paseantes en todo el estado, bajo la vigilancia de unos 15 mil elementos del Ejército, Marina, Guardia Nacional y policías federales, estatales y municipales. Se trata de crear otro bucle de certidumbre que les dé a las familias el arrojo para abandonar, también de manera esporádica, el miedo a retomar los espacios de recreación.

    Es la medición de fuerzas entre el yo interno que aconseja declinar a los placeres que ofrecen playas y balnearios, o la propaganda que incita a dejarse llevar por los goces de temporada a los que nunca pensamos que íbamos a renunciar. La encrucijada de confiar en las instituciones de protección ciudadana en la circunstancia donde los hechos de violencia prosiguen intimidantes.

    Al igual que fue en Semana Santa de 2025, resulta complicado decidir entre darle el voto de fe a la fuerza pública desplegada a lo largo y ancho de Sinaloa, o mantenerles el bono del miedo a sicarios del narcotráfico cuyo cese al fuego se tornó una quimera. Difícil sentir que estamos seguros del todo si la narrativa cruenta reitera choques entre grupos armados, policías emboscados, soldados ultimados con explosivos, hieleras con restos humanos, desapariciones forzadas y despojos de vehículos.

    El ambiente tenso reinante en año y medio trae implícita la moraleja de negarle el cheque de la confianza a quien nos solicite que lo expidamos en blanco. La narcoguerra nos hizo huraños, traumados y siempre oteando los peligros que saltan donde menos se les espera. El sol y la playa, la ribera del río y sus sauces e inclusive los encantos de pueblos mágicos son parte de esos territorios perdidos por los pacíficos. Alguna vez fueron paraísos que nos prodigaban paz a raudales; esta vez disipan temor a que irrumpa en ellos la ráfaga criminal.

    Y entonces, en medio de las alucinaciones causadas por las atrocidades del hampa, la opinión pública interpreta como embocadas las campañas de seducción para que acuda a que la acaricien las olas del mar o la corriente de ríos, la arrulle la música de tambora y las viandas le conquisten el paladar, como tregua de los sobresaltos que nos siguen a donde vayamos. No éramos así, antes nos embelesaba la sola libertad de allí sentirnos seguros.

    Por eso en lo individual o familiar la disyuntiva que domina consiste en volver a creer en las estrategias de seguridad pública o adoptar las pausas de baja intensidad como posibilidad de retomar la normalidad, al menos en las condiciones que existían antes del 25 de julio de 2024 cuando fue rota la avenencia que sostenía compactas a las células del narcotráfico que integran el Cártel de Sinaloa. Decidida la sociedad a no más saltos al vacío, exige se le proporcione el terreno firme de la paz que se torna vital para regularizar sus quehaceres.

    De allí deriva la otra alternativa donde salir a vacacionar ayude a reactivar el turismo como actividad que le inyecte vida a los demás sectores productivos, o preferir el encierro que se traduzca en el abandono de actores y factores en economías al ras de la caída. Sólo en Mazatlán, si la ocupación hotelera se sitúa arriba del 80 por ciento se prevé la derrama de 2 mil millones de pesos en las semanas Santa y de Pascua, según la estimación oficial, más los beneficios que dejan los que concurren a otras playas, ríos, balnearios y centros ceremoniales indígenas.

    Y así llegamos a la segunda Semana Santa en tiempos de narcoguerra. Al entrar el período vacacional a la fase de más intensidad, los sinaloenses calamos la capacidad de resistencia de comunidades que en las regiones centro y sur de la entidad habían determinado darse por vencidas y ahora revaloran si cuentan con garantías para regresar a la vida ordinaria.

    Y guardadas las proporciones en lo que respecta a la atrocidad vivida en 2025, y la fluctuante atenuación de 2026, de todas formas el horror se nos tatuó en la memoria a tal grado que al decidir si salimos confiando en el gran operativo de seguridad que está en marcha, o nos recluimos en esta Semana Santa arredrados por las zozobras que nos hacen experimentar la sacudida propia del juego de la ruleta rusa al saber que lo que decidimos es cuestión de vida o muerte.

    Reverso

    Dirimimos en Semana Mayor,

    Que será de menor consecuencia,

    Playa y sol con infernal calor,

    O el averno de la violencia.

    Días para razonar

    Ojalá no se les ocurra a los políticos ir a los lugares en que los sinaloenses descansan para pedirles el voto a más de un año de que se lleve a cabo la jornada electoral para elegir Gobernador. Diputados locales y federales, así como presidentes municipales. La gente anhela, y tiene derecho, a encerrarse en sí misma en parajes que le faciliten revisar y cavilar en el mar de adversidades que desde hace año y medio no son propicios para la introspección tan indispensable en la definición de destino. No es el tiempo para elucubrar nuevos gobiernos, oír los mismos discursos ni fraguar las idénticas decepciones que aparecen una vez emitido el sufragio. Vean los pretensos el enorme letrero de “no molestar; ciudadanos reflexionando”.