En Sinaloa hemos aprendido, a fuerza de tragedias, que la violencia no se resuelve únicamente con más policías y militares. Claro que son indispensables para enfrentar el delito, pero si queremos construir una sociedad distinta a largo plazo, necesitamos preguntarnos qué hacemos antes de que un joven tome la decisión de incorporarse a una dinámica criminal.
Porque detrás de cada joven que toma un arma, muchas veces hay un vacío de oportunidades. Y ese vacío alguien termina ocupándolo. El crimen organizado sabe perfectamente cómo hacerlo: ofrece dinero, reconocimiento y una pertenencia de grupo. Por eso no basta con decirle a un joven que se aleje de la violencia, tenemos que ofrecerle algo por lo cual valga la pena alejarse de ella.
En Mazatlán -como en otros municipios- la cultura puede ser esa razón. No hablo de la cultura como un lujo para unos cuantos, ni como una actividad reservada para quienes pueden pagar un boleto para asistir al teatro. Hablo de la cultura como un derecho y, sobre todo, como una herramienta de transformación social.
Nuestra amiga María Muñiz, mediante la iniciativa denominada Barrio Corazón, por años ha promovido la lectura en colonias populares de Mazatlán. Precisamente en esas colonias donde la violencia se ha convertido en parte del paisaje cotidiano, un día a la semana aleja a los niños de las esquinas y estimula la lectura con jornadas literarias, conferencias con escritores y talleres de dibujo.
Pues bien, imaginemos, así como ésta, jornadas culturales recorriendo las colonias más vulnerables de la ciudad con talleres de artes plásticas, clases de música, danza, fotografía, muralismo, etc. Que un niño pueda descubrir que tiene talento para tocar un instrumento musical, o que un joven descubra que sabe escribir cuentos, pintar o hacer cine.
Por eso resulta tan importante que los jóvenes tengan contacto con expresiones culturales diversas. No para imponerles lo que algunos consideran “alta cultura”, sino para popularizar la cultura. Llevarla hasta donde están las personas, en lugar de esperar que sean ellas quienes tengan las condiciones económicas para acudir a los espacios culturales. Popularizarla significa hacerla accesible para todos.
Y aquí hacemos una propuesta concreta para Mazatlán. El Instituto de Cultura, Turismo y Arte, podría replantear su estructura y horizontalizar sus funciones. Actualmente existe una enorme concentración de responsabilidades en una misma institución.
Una posibilidad sería separar claramente las funciones. Una dependencia podría concentrarse exclusivamente en la organización, promoción y operación del Carnaval y de los grandes eventos artísticos. Y otra dependencia, con presupuesto propio, podría dedicarse exclusivamente a llevar la cultura a la ciudadanía.
Que cada semana organice actividades culturales en diferentes sectores de la ciudad. Que los programas tengan continuidad y no sean únicamente eventos aislados. Que existan talleres permanentes para niños y jóvenes. Que las colonias puedan contar con promotores culturales. Que artistas locales de prestigio, tengan la oportunidad de participar y enseñar. Estoy seguro que muchos lo harían desinteresadamente.
Colombia nos enseñó algo importante en la década de los 90. En lugares donde la violencia parecía tenerlo todo bajo control, la cultura pudo atraer a los jóvenes que antes pertenecían a las bandas criminales.
La cultura no elimina de inmediato el delito, pero puede modificar las condiciones sociales que permiten que éste encuentre terreno fértil. Porque, cuando un joven encuentra una expresión propia en el arte y la cultura, comienza a descubrir que su futuro puede ser mucho más grande que la violencia que lo rodea.
Es cuanto...