Parálisis en UAS, crisis en educación
Asignatura que Sinaloa debe aprobar

OBSERVATORIO
22/06/2026 04:02
    En Sinaloa nos estamos tardando en empujar como sociedad la mejor educación posible como único camino hacia la paz. El saldo de la narcoguerra es bocado apetitoso para aquellos que invocan la hecatombe y la participación ciudadana atrapada en el hartazgo por la barbarie tampoco percibe la luz al final del túnel que es la asignatura escolar como posibilidad de destrabar el presente, darle certidumbre al futuro y salir de la ruta a la peor de las involuciones posibles.

    Parece estar sucediendo lo único que nos faltaba para tocar fondo en las atrocidades de la violencia, el desgobierno y el atraso económico, pues de cumplirse la parálisis de las funciones de la Universidad Autónoma de Sinaloa, que podría suceder la semana próxima, entonces prescindiríamos los ciudadanos del asidero de la educación que nunca debimos poner bajo riesgo. La eventualidad del paro laboral en la casa rosalina significa la notificación a blindar los sistemas de enseñanza antes de perder esa tabla de salvación cuando se nos agota la fuerza para nadar en pleno naufragio sinaloense.

    Hemos perdido el silabario de las enterezas precisamente en la etapa en la que no hay palabras para describir la cauda de males que se nos vinieron encima unos tras otros en Sinaloa. La insolvencia financiera de la UAS es el ojo de la tormenta que sacude a la educación en general y la mantiene angustiosamente asida a presupuestos nimios y carencias significativas. En la misma situación de inopia, la cátedra y la pedagogía también tienden a sucumbir.

    Si en algo debieran estar ocupados de tiempo completo los gobiernos federal y estatal, líderes de opinión, sectores claves de la población y políticos que se pelean por heredar un estado ensangrentado, ello tendría que ser la didáctica del saber cómo salimos del atolladero en que está convertida la tierra de los once ríos por las múltiples arenas movedizas en que caminamos todos, indistintamente. La paradoja tiene que ver con que nadie voltea hacia terrenos seguros y hasta parece seducirnos el suelo pantanoso.

    Fuera de las guerras por el poder público que se avecinan y de la entelequia que oferta como solución la deposición de gobiernos y la demolición institucional, los sinaloenses tenemos que ondear la bandera blanca de la educación como el estandarte de los pacíficos y escudo contra la vileza. La circunstancia de la Universidad otra vez obstaculizada en su vuelo hacia la cúspide no es otra cosa más que la moraleja que llega con exacta puntualidad.

    Dígase lo que se diga de la UAS debe reconocérsele que pone a prueba sistemas modernos de eficiencia académica y administrativa y que no debe cejar en su avance hacia la excelencia académica con la optimización de recursos y la transparencia en todo lo que hace. Sin embargo, también se estancará en esos objetivos si desvía tiempo y misión en evitar la quiebra financiera y el impacto inestimado que como siempre recaerá en más de 170 mil estudiantes que a duras penas luchan por transponer el umbral donde el crimen organizado los recluta con el espejismo de la necesidad económica resuelta, pero la vida perdida en la puerta falsa que les ofrecen.

    El Gobierno federal y su paradigma de Nueva Escuela Mexicana le apuesta a la contradicción donde los alumnos y los maestros son la última prioridad y desestima el ultimátum a depositar en las aulas la semilla que enseguida debemos regar con los máximos tesones hasta que en el terreno yermo de la incivilidad los jóvenes logren la cosecha de excelentes futuros. El régimen autodenominado Cuarta Transformación es omiso frente a tal encrucijada, pues destina a la enseñanza apenas el 3 por ciento del Producto Interno Bruto, lejos de la recomendación de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura para que los países inviertan entre el 5 y 6 por ciento del PIB.

    En Sinaloa nos estamos tardando en empujar como sociedad la mejor educación posible como único camino hacia la paz. El saldo de la narcoguerra es bocado apetitoso para aquellos que invocan la hecatombe y la participación ciudadana atrapada en el hartazgo por la barbarie tampoco percibe la luz al final del túnel que es la asignatura escolar como posibilidad de destrabar el presente, darle certidumbre al futuro y salir de la ruta a la peor de las involuciones posibles.

    Los sinaloenses parecemos cada día más una comunidad esquizofrénica que sucumbe al llamado de derrumbar lo poco que sigue de pie en el predio de lo legítimo. Al darle mayor relieve a la ola de la narcoguerra que arrastra hacia mayor atrocidad nos imposibilitamos a notar las balsas en que podemos flotar y desde éstas intentar los salvamentos. El conocimiento y la inteligencia no son sólo la tabla que aparece en medio del naufragio; es el buque que se dispone a socorrernos.

    Reverso

    En el peor de los escenarios,

    Al menos surja la motivación,

    De ir con los universitarios,

    Al rescate de la educación.

    Ayuda interrumpida

    Si alguna institución afronta las consecuencias del ruidoso ardid de “¡Fuera Rocha!”, que se ofreció como la cura a todos los males que diezman a Sinaloa, es la UAS que antes de que el Gobernador pidiera licencia para ausentarse del cargo siempre mantuvo la mano extendida y el erario disponible para sacar a la casa rosalina de todas las complicaciones que amenazaron con paralizarla. También sirvió como puente para que el Rector Jesús Madueña le expusiera a la Presidenta Claudia Sheinbaum y al Secretario de Educación Pública, Mario Delgado, las complicaciones que llevaron a que la Universidad implementara la reingeniería financiera, académica y administrativa. Y que una vez que la UAS cumplió con el rediseño institucional, la Federación la dejó sola.