Desde finales de enero, ha resonado con fuerza que Culiacán se mantiene en los niveles más altos de percepción de inseguridad, un estigma que parece consolidarse en la narrativa nacional. Sin embargo, un análisis estadístico más riguroso desafía esta interpretación apresurada y nos permite delimitar, con mayor precisión, los alcances y las verdaderas limitaciones de esta cifra.
Si queremos superar la etapa que vivimos, es necesario saber dónde estamos en realidad y hacerlo con elementos fiables.
La percepción de inseguridad es una de las medidas que levanta la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi. Esta encuesta se realiza cada cuatrimestre y proporciona información sobre distintos aspectos de la seguridad percibida en las principales ciudades del País. Sus resultados son públicos y pueden consultarse en línea.
Los resultados de la encuesta del Inegi deben interpretarse no sólo por su valor estimado (o porcentaje), sino por su rango de variación. Más que números absolutos, son estimaciones que se ubican dentro de un margen probabilístico de error.
Con la experiencia de 15 años como docente de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la UAS, impartiendo cursos de probabilidad y estadística, así como bioestadística avanzada, me gustaría ofrecer una opinión sobre este aspecto de interés público. Además que este tema ilustra con claridad cómo podemos entender mejor el uso de la estadística en nuestra vida diaria y cómo los datos deben leerse con precisión antes de emitir juicios.
Cuando deseamos comparar cantidades estadísticas reportadas por el Inegi (ya sea entre meses en una misma localidad o entre ciudades) lo justo es comparar el porcentaje estimado, pero también su rango de variación, que puede ser representado a través del error estándar.
El valor estimado es el porcentaje que obtenemos a partir de la muestra encuestada. El error estándar, por su parte, nos permite ubicar ese porcentaje dentro de un margen de probabilidad, que en el caso de la ENSU suele trabajarse con un nivel de confianza del 90 por ciento.
Por ejemplo, si la percepción de inseguridad es de 50 por ciento con un margen de error derivado del error estándar de ±10 puntos, existe una alta probabilidad de que el valor real se encuentre entre 40 y 60 por ciento. Es decir, si encuestamos distintos grupos de 100 personas, en uno podrían responder afirmativamente 45, en otro 56, o en otro 48. Esa variación es natural y está incorporada en el error estándar.
Otro aspecto importante son las comparaciones entre cuatrimestres o entre ciudades. Aunque los porcentajes puedan ser distintos, si sus rangos de variación se traslapan, no existe una diferencia estadísticamente significativa.
Para ilustrarlo, imagine que sostiene con una mano un kilo de azúcar y con la otra 1.1 kilos. Hay una diferencia física de 100 gramos, pero no es perceptible con claridad. Algo similar ocurre con los porcentajes cuando sus intervalos se superponen.
En Culiacán, en diciembre de 2024 la percepción fue de 90.6 por ciento con un error estándar de 7.89. En junio de 2024 alcanzó 90.8 por ciento con un error de 7.35. En diciembre de 2025 fue de 88.1 por ciento con un error estándar de 7.35.
Si observamos estos valores junto con sus errores, vemos que los rangos se traslapan ampliamente. No hay diferencias estadísticamente significativas entre estos periodos. Sin embargo, sí se aprecia una ligera tendencia a la baja.
Es una señal positiva que conviene observar con cautela y esperar que se consolide en el mediano y largo plazo.
Interpretar correctamente estos datos no significa minimizar un problema que es evidente. No podemos negar la realidad ni los eventos de violencia que afectan a nuestra localidad. Lo que buscamos es poner la información en su justa dimensión para evitar conclusiones apresuradas y tomar decisiones mejor fundamentadas.
En conclusión, los datos muestran que no ha habido cambios importantes en la percepción de inseguridad en Culiacán, las variaciones observadas se mantienen dentro de sus márgenes de error, aunque sí una ligera tendencia a la baja.
Asimismo, con la información del Inegi no es posible afirmar con certeza cuál es la posición de Culiacán a nivel nacional. Estamos en un grupo de ciudades con valores altos, pero no puede sostenerse de manera concluyente que ocupemos el primer lugar.
Con un análisis cuidadoso podemos dimensionar mejor la situación y avanzar con bases sólidas que nos permitan mejorar el tejido social y enfrentar esta etapa con mayor claridad.