El voto contrata la atención del representante. Al ser electo un gobernante se compromete a dedicar su tiempo a las labores del gobierno. El encargo electoral tiene tal relevancia que no consiente distracciones.
Se trata de un compromiso de atención sostenida que no puede abandonarse sin causa grave que lo justifique. Las aficiones, los hábitos, los gustos han de pasar a un segundo plano. Por eso resulta tan irritante que un legislador decida de pronto separarse de su comisión parlamentaria para hacer dinero en un espectáculo televisivo.
Indigna que se prefiera el circo al parlamento cuando hubo un juramento de atención. Por eso preocupa también que la Presidenta dilapide ese recurso que en el fondo es público y se dedique, en medio de múltiples crisis, a elaboración de una propuesta sin foco y sin futuro.
¿Cuánto tiempo ha desperdiciado la Presidenta en concretar una mala propuesta de reforma decretada muerta antes de haber sido presentada? En el momento en que la Presidenta debe tener concentración de alfiler para encarar las provocaciones y amenazas que vienen de la Casa Blanca, la Presidenta revisa y revisa las múltiples versiones de una iniciativa destinada al basurero. ¿Cuánta concentración se ha perdido en el ir y venir de las propuestas? ¿Cuánto tiempo en reuniones y negociaciones que, como se veía desde el principio, desembocarían en un fiasco?
El gobernante que pierde el tiempo pierde el gobierno. En el presupuesto y en la atención se muestran las verdaderas prioridades de una administración. Dime en qué gastas, dime en qué ocupas tu tiempo y te diré quién eres.
Sheinbaum ha perdido su tiempo y le ha hecho perder el tiempo a su equipo y al Congreso. Le ha dedicado meses a una reforma que no ha logrado justificar. Exponiendo su persuasión antiliberal repite la definición etimológica de la democracia y cita por enésima vez a Lincoln. Con esas líneas empuja un cambio que claramente debilita la competencia y reduce el pluralismo.
La Presidenta puede mostrar encuestas que confirman la antipatía que despierta la clase política y el deseo de abaratar la competencia electoral. La tramposa encuesta de Enkoll para W Radio y el diario El País pretende apoyar la idea de que la reforma electoral responde a una exigencia colectiva. La encuesta sigue el engaño de la retórica presidencial y acota la investigación a su agenda.
Se pregunta, por ejemplo, si todos los cargos deben elegirse directamente por el voto, como si los legisladores de representación proporcional fueran electos de manera indirecta. No se pregunta si la gente quisiera eliminar de plano la representación proporcional, porque eso sería contrario a las intenciones del Ejecutivo.
Se consulta si la gente respalda la prohibición del nepotismo, pero eso sí con las restricciones de Sheinbaum. Prohibir la herencia de puestos electivos, pero permitir que los gobiernos coloquen a toda la parentela en la plantilla.
Lamentable que El País y W Radio difundan propaganda gubernamental disfrazada de ejercicio demoscópico.
Pero lo que me importa resaltar aquí es la irresponsabilidad que denota el abrir en estos momentos de tan alto riesgo para el país, esa fuga en la atención pública y particularmente en la atención política. Son muchos los textos que han analizado las implicaciones de esta propuesta regresiva.
Más que sumarme a esa crítica, agrego que la propuesta misma muestra un desorden de agenda, una confusión de prioridades, la improductiva apertura de un conflicto. Ante las emergencias de la hora no debe haber despistes.
El país no crece, vive una guerra prolongada en Sinaloa y el peligro de su extensión en varios estados de la República. Los ojos del mundo estarán en México en su momento más vulnerable. Y el hombre más desquiciado y más poderoso del mundo suelta todos los días amenazas creíbles sobre México.
Romper el acuerdo comercial e intervenir militarmente en nuestro territorio. Es en ese campo de espinas donde la Presidenta decide ocupar su atención al tiempo que deben tener los partidos durante las campañas, a corregir las fórmulas para eliminar las listas de representación proporcional, a negociar con sus satélites.
Ese tiempo que la Presidenta pierde no es solo suyo.