|
"OBSERVATORIO"

"Periodismo con el lenguaje del miedo"

""
OBSERVATORIO
25/03/2019 19:41

    alexsicairos@hotmail.com

     

    Omar Camacho y el código impunidad

     

    Causó un fuerte impacto en el gremio periodístico sinaloense la muerte del reportero Omar Iván Camacho en Salvador Alvarado, por la sacudida que significa ver a otro compañero caer y volver a sentir la impotencia de no poder hacer nada para evitarlo. La inutilidad de leyes, mecanismos, fiscalías y protocolos de protección es lo que frustra, agregado el fracaso de salir a la calle a exigir justicia dando por anticipado el fiasco de tal demanda.

    Es posible que las autoridades de procuración de justicia aceleren la hipótesis del accidente vial tipo atropellamiento, sin clasificarlo como delito contra la libertad de expresión. Hacia allá apunta desde el origen la carpeta de investigación 650/2019 al considerar que ningún elemento fortalece alguna relación del homicidio con el trabajo que desempeñaba la víctima.

    Al tomar el caso el Ministerio Público y encauzarlo por el fuero común, así como la inexistencia de disparos con armas de fuego y determinar el traumatismo craneoencefálico como causa del deceso, lo más probable es que asistamos a la integración de otra madeja penal cuya punta nadie encuentre nunca. Y que quede flotando por siempre la duda de si fue accidente contra un motociclista o asesinato contra un periodista.  

    Omar Camacho era un periodista de a pie, talachero y con la pasión implícita hacia esta labor mitad apostolado y mitad entelequia. Quienes trabajaron cerca de él lo referencian como un joven sano, que combinaba actividades y jornadas laborales para sobrevivir, profesional en la crónica deportiva y, coinciden todos, carecía de enemigos, amenazas o conflictos que le hubieran ocasionado un ataque letal.

    Sin embargo está muerto y el asesinato, imprudencial o alevosamente planeado, abona al síndrome de las palabras inermes que naufragan en las redacciones de los medios de comunicación, creyendo siempre que la delincuencia del narco, de la política y hasta de la malandrinada consuetudinaria nos deletrea para hurgar en las noticias un motivo con el cual eliminar en forma sistemática a periodistas. 

    Hilamos más miedos que noticias y hemos llegado al extremo de redactar las notas de prensa pensando más en la reacción que tendrán las células o sujetos criminales, en vez de anteponer a la hora de escribir el derecho que tiene la sociedad de enterarse de las cosas tal como son. Letras, signos, frases e ideas concebidas para la autoprotección con tal de que al apretar cada tecla no presionamos el gatillo de las armas puestas en la sien de cada periodista.

    Es verdad que a un gremio herido, desconfiado y con miedos no nos corresponde inferir alguna línea de investigación, pero es doblemente necesario que el Ministerio Público realice la indagatoria profunda, científicamente probada y tan convincente en la argumentación legal como para creer en la investigación y quitarnos el sospechosismo de que la Fiscalía opera para la impunidad.

    Eso fue lo que les pedimos ayer al Presidente Andrés Manuel López Obrador; al Gobernador Quirino Ordaz Coppel; al Fiscal Especial para la Atención de Delitos contra la Libertad de Expresión, Ricardo Sánchez del Pozo; y al Fiscal General del Estado, Juan José Ríos Estavillo. Que no nos salgan con la misma impunidad de siempre que nos orilla a hacer las mismas conjeturas de instituciones ineficaces y servidores públicos desidiosos o cómplices.

    ¿Por qué surgió la versión primera de huellas de esposas en las manos de la víctima? ¿Por qué la motocicleta sin señales de colisión o impacto por alcance? ¿Por qué la localización del cadáver fue varias horas después de que los familiares habían reportado desaparecido a Omar Camacho? ¿Por qué no se activó de inmediato la Unidad de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas de Sinaloa?

    La ráfaga de interrogaciones delata la magnitud de la zozobra en el periodismo. La importancia de no recibir como respuestas nuevas comedias de equivocaciones, investigaciones superficiales y presunciones disparatadas. La hace mucha falta al periodismo sinaloense que la Fiscalía General del Estado le obsequie señales de legalidad que repongan en algo las garantías para la libertad de expresión y el derecho a la información. 

     

    Reverso

    Otro día de afonía,

    Porque muere un periodista,

    Y van con él, en agonía,

    Los que le siguen en la lista.

     

    Prensa y desgobierno

    Muchos cobardes desde el anonimato de las redes sociales, y también algunos cínicos de manera velada, proceden a amenazar a periodistas en Sinaloa porque ven a esta actividad sola, sin gobierno que la ampare como lo mandata la Constitución y sin voluntad política en ninguno de los tres poderes para instalar condiciones de libertades donde, como lo sueña Joaquín Sabina, ser valiente no salga tan caro y ser cobarde no valga la pena.