Persistencia de la estabilidad en Sinaloa

    No existe una fórmula para reducir la inseguridad ni una causa única que explique por qué unos periodos duran más que otros. Hemos contado homicidios y comparado periodos, pero ahora vemos que esos mismos datos contienen otra información que también vale la pena explorar

    Las palabras, las imágenes y los sonidos influyen en nuestra manera de interpretar el mundo. La psicología ha mostrado que la exposición a determinados estímulos puede modificar nuestra atención, nuestras emociones e incluso algunas decisiones posteriores. Por eso, la manera en la que contamos un problema también puede influir en la forma en la que lo entendemos.

    En el caso de Sinaloa, esto no significa negar la crisis de seguridad que vivimos, ni tratar de sustituir los hechos por optimismo. Significa preguntarnos si, después de tantos meses observando homicidios, enfrentamientos y otros acontecimientos violentos en la región, podemos comenzar a estudiar el mismo problema desde una perspectiva distinta.

    Durante los últimos meses en la prensa se ha mostrado con frecuencia el número diario de homicidios dolosos registrados en Sinaloa. Como resulta natural, una parte importante de estos análisis se concentra en los días de mayor incidencia. Queremos saber cuándo aumentan los homicidios, cuánto duran esos periodos y qué tan probable es que vuelvan a presentarse. Sin embargo, los mismos datos permiten hacer otra pregunta. ¿Qué sucede durante los periodos en los que la violencia disminuye?

    Para este análisis utilizamos los datos disponibles del último año y medio y hasta la fecha en la página del Gabinete de Seguridad del Gobierno de México, que reporta diariamente los homicidios dolosos registrados en cada entidad federativa.

    Los resultados muestran un patrón interesante. Durante el periodo analizado, Sinaloa registró un promedio de 3.19 homicidios diarios, una cifra que conviene poner en perspectiva considerando que es una entidad con casi 3 millones de habitantes, distribuidos en un amplio territorio. Para distinguir los episodios más severos, establecimos un umbral de más de tres homicidios diarios, separándolos de los periodos de relativa estabilidad.

    Al hacerlo identificamos, a lo largo del tiempo analizado, 103 lapsos de mayor incidencia y 103 de estabilidad, que se alternan con distinta duración. Los primeros suelen ser intensos, aunque generalmente breves. En promedio duran 2 días (su mediana es de apenas un día), aunque el episodio más prolongado llegó a extenderse 14 días consecutivos.

    La estabilidad presenta un comportamiento distinto. Estos periodos duran en promedio 2.8 días, su duración típica (mediana) es de dos días y, en el caso más prolongado, Sinaloa permaneció 12 días consecutivos por debajo de ese umbral. Es decir, en promedio las rachas de estabilidad tienden a durar más que los episodios de mayor incidencia, aunque ambos tipos de periodo pueden, en casos excepcionales, prolongarse por casi dos semanas.

    Más aún, al observar la totalidad del periodo analizado, el estado se mantuvo en periodos de calma el 59 por ciento de los días, frente a un 41 por ciento en episodios de inestabilidad o perturbación. Esta tendencia se acentúa si elevamos el umbral a más de cuatro homicidios diarios. Bajo ese criterio, la calma relativa alcanza el 72 por ciento del tiempo, contra apenas 28 por ciento de días inestables. En ambos casos el patrón es el mismo y confirma que la estabilidad, más que la excepción, es la condición persistente y dominante en el periodo estudiado.

    Además, encontramos algo todavía más interesante. La duración de la estabilidad no parece depender de la intensidad ni de la duración de la perturbación que ocurrió antes. Un episodio particularmente inestable o prolongado no significa necesariamente que el siguiente periodo de estabilidad será más corto. Al analizar los datos, no encontramos ninguna evidencia de que un fenómeno altere o dependa del otro.

    Este resultado invita a mirar el problema desde otra perspectiva. Los episodios de mayor incidencia dependen de factores difíciles de anticipar, pero entre ellos aparecen periodos de estabilidad capaces de sostenerse por días o semanas.

    Quizá la pregunta más útil no sea cuándo llegará el siguiente episodio extremo, sino qué podemos hacer para que la estabilidad dure más. Podemos estudiar mecanismos como alertas ante cambios en la tendencia, umbrales que activen acciones preventivas, identificación de zonas donde comienza a aumentar la incidencia, refuerzo temporal de recursos y seguimiento de las condiciones presentes durante los periodos más prolongados de estabilidad.

    No existe una fórmula para reducir la inseguridad ni una causa única que explique por qué unos periodos duran más que otros. Hemos contado homicidios y comparado periodos, pero ahora vemos que esos mismos datos contienen otra información que también vale la pena explorar.

    Para terminar, no podemos modificar lo que ocurrió ayer ni borrar con palabras los acontecimientos que ha vivido Sinaloa, pero sí podemos cambiar algunas de las preguntas con las que intentamos comprender lo que ocurre.