La semana pasada propuse, en este mismo espacio, la creación de una Secretaría del Migrante Sinaloense para el Gobierno que iniciará funciones en 2027. La propuesta despertó interés y comentarios positivos entre amigos y colegas universitarios.
Sin embargo, la Secretaría del Migrante es apenas un ejemplo. Podrían surgir decenas de iniciativas igualmente valiosas si, desde ahora, los actores políticos, las universidades, las organizaciones de la sociedad civil, el sector empresarial y la ciudadanía iniciaran un proceso serio de reflexión colectiva sobre el futuro próximo de Sinaloa.
Cada seis años los partidos políticos presentan plataformas y promesas de campaña que, en teoría, contienen la ruta para transformar el estado. No obstante, casi siempre esos documentos son elaborados por pequeños grupos de asesores y responden a cálculos electorales más que a las necesidades reales de la población.
Por ejemplo, los Planes Estatales de Desarrollo suelen elaborarse una vez que el Gobernador o Gobernadora ya tomó posesión del cargo. En muchos casos, las consultas ciudadanas se realizan únicamente para cumplir con un requisito y no como un verdadero mecanismo para incorporar ideas surgidas desde la sociedad.
Por ello, la propuesta que hoy planteo aquí consiste en organizar, incluso antes del inicio del próximo proceso electoral, una serie de foros estatales o asambleas públicas sobre los grandes desafíos que enfrenta Sinaloa: seguridad, combate a la pobreza, manejo del agua, agricultura, innovación tecnológica, energías renovables, salud, educación, turismo, movilidad urbana, entre otros.
Este ejercicio debería reunir a investigadores, especialistas, servidores públicos y ciudadanos interesados. El objetivo no sería únicamente intercambiar ideas, sino construir propuestas viables adaptadas a la realidad del estado.
Las universidades públicas tendrían un papel especialmente relevante en este esfuerzo, pues en ellas se concentra una parte importante del conocimiento científico y técnico sobre los problemas de la entidad.
El propio Gobierno de México impulsó durante los últimos años los Programas Nacionales Estratégicos (Pronacex), promovidos por el entonces Conahcyt (hoy Secihti). La intención fue convocar a científicos para generar conocimiento orientado a resolver problemas nacionales prioritarios. Ese principio bien podría adaptarse a escala estatal.
Un proyecto de gobierno sólido no debería improvisarse durante los primeros meses de una administración, sino construirse gradualmente mediante la participación de quienes conocen en carne propia los problemas.
Ejemplos de iniciativas de democracia deliberativa como ésta (en palabras de Joshua Cohen) hay en otros países, como en Brasil, Canadá o Islandia, en los que ayuntamientos han organizado asambleas vecinales donde los ciudadanos deciden directamente las prioridades de sus gobiernos. Lo cual ha resultado en una mayor transparencia en el uso de los recursos, mayor participación y por lo tanto una mayor confianza.
Porque gobernar no consiste únicamente en administrar recursos o tomar decisiones “desde arriba”. Gobernar también significa escuchar y aprender. Y en una democracia madura, las mejores ideas casi siempre se construyen “desde abajo”.
Es cuanto....
A propósito, fue un gran acierto de la Gobernadora nombrar al distinguido doctor Samuel Ojeda como titular de la Coordinación General para el Fomento a la Investigación Científica y la Innovación del estado de Sinaloa (Confie). Enhorabuena.