Estamos a dos días y unas cuantas horas de que Andrés Manuel López Obrador entregue formalmente el mandato presidencial a su sucesora, seguidora y correligionaria de partido, Claudia Sheinbaum Pardo, la primera mujer en los antecedentes republicanos de nuestro país que recibirá la alta encomienda de la titularidad del Poder Ejecutivo federal. Detalle que por sí solo, le asegura un lugar en el registro histórico nacional; esperemos que su gestión, la cual empezará formalmente a partir del primer minuto del arranque del décimo mes del año, corresponda con creces a los resultados deseados por los millones de electores que le externaron su confianza a través del voto.
Por otra parte, y por supuesto, el nombre del todavía Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, también quedará acuñado en el listado de presidentes de la República, pero no precisamente como el mejor que ha tenido nuestro País en la época moderna, como dicen sus afines y como también lo piensa el propio personaje. Con logros brillantes, sin duda, pero también, con grandes yerros e incumplimientos.
El trabajo presidencial de López Obrador tuvo grandes aciertos. De entre todos ellos, se hace notar, por ejemplo, la disciplina fiscal con la que condujo al País y que evitó caer en la debacle que auguraban sus malquerientes. Desgraciadamente, para el diseño presupuestal del 2025, incurrió en un notorio déficit fiscal, que pondrá en aprietos el arranque de su sucesora.
Las luces de la gestión de López Obrador están enfocadas en el aspecto social, aunque le faltó el salto para salir con calificaciones de excelencia. De ello, tenemos el otorgamiento de las becas del bienestar a adultos mayores; programa que ya ronda los 465 mil millones de pesos para el siguiente año y ni qué decir sobre el crecimiento salarial que impulsó; provechosos frutos los señalados, pero no con la contundencia para asegurar que le cambió la vida a la clase trabajadora, incluyendo a la clase media, ya que si bien es cierto que les mejoró el nivel de ingresos, también es irrebatible que no supo o no quiso resolver el añejo problema del sistema de salud pública, uno de los elementos base de un estado de bienestar completo.
A pesar de lo que asegura el todavía Presidente Andrés Manuel, el tema de salud prácticamente lo dejó en las mismas condiciones precarias en lo que lo recibió, ya que la falta de medicamentos y la atención oportuna de padecimientos graves continúa siendo inoportuna, insuficiente e ineficiente. Igualito que los de antes, pero agravado por el crecimiento natural del número de beneficiarios.
En lugar de entrarle con todo a este gravísimo problema, prefirió invertir cantidades multimillonarias en las llamadas obras insignias del sexenio, como lo son el Tren Maya, la infraestructura de refinación petrolera, el aeropuerto Felipe Ángeles, junto con otras estaciones aéreas, así como reactivar la línea aérea Mexicana de Aviación; todas estas acciones, por un largo tiempo, se chuparán miles de millones para su sostenimiento.
Obviamente, el mejoramiento, o mejor dicho, el rescate del sistema de salud pública, continuará manteniéndose como promesa de campaña, es decir, mercancía política para los partidos.
Por otro lado, alejan a Andrés Manuel de la calificación de excelencia, su fracasada política de abrazos y no balazos, que ha permitido que el poderío de los descarriados haya asentado sus reales en varias entidades del País; su tendencia hacia el conflicto, que deja a una población dividida, y entre otros yerros más, su malograda lucha contra la corrupción, la cual, sigue vivita y cobrando... ¡Buenos días!
