Que, finalmente, se haya aprobado una reforma electoral enflaquecida es bueno para la titubeante democracia mexicana e, incluso, para Morena, aunque éste no lo vea así.
Es positivo para el proceso democrático mexicano porque se detuvieron todos los intentos de Morena de imponer un sistema de partico casi único, hegemonista y excluyente en la definición de las principales políticas públicas y electorales del País. Y también es bueno para la posibilidad, aunque remota, de que Morena avance en la construcción de un partido efectivamente democrático, donde sus bases cuenten y sus elites gubernamentales y partidarias no decidan todo.
Si en gobiernos de Morena se ha permitido una desnuda corrupción, la incorporación de hombres y mujeres que no tenían nada que ver con las luchas democráticas y sociales que caracterizaron a la izquierda, y se ha empalagado hasta la médula con el poder, en un régimen político que todo estuviera en sus manos, incluyendo la organización de las elecciones, ese partido se autodestruiría en muy poco tiempo. Mucho menos del que llevó al PRI a la autoinmolación. El México contemporáneo, a diferencia del que vivió el siglo 20, no resistiría ni permitiría un partido casi único, corrupto y antidemocrático, por mucho tiempo.
No obstante, y esta es la paradoja, el que se hayan rechazado las iniciativas de reforma presentadas por Claudia Sheinbaum, debilita los tímidos intentos que tomaba la primera mujer que preside nuestra República para marcar distancia frente a la permanente y obsesiva sombra de Palenque.
Si bien, el origen y esencia de las iniciativas de reforma electoral proceden del sexenio anterior, tres fueron derrotadas durante la gestión de Claudia Sheinbaum. El llamado plan C, y los planes A y B eran de López Obrador pero los firmó la inquilina de Palacio Nacional, con la gran diferencia de que las iniciativas del tabasqueño se votaron sin que Morena y sus aliados tuvieran los votos para una mayoría calificada, y las que presentó la primera Presidenta de México, sí los tenían.
Es por eso que se acusa a Claudia Sheinbaum, dentro y fuera de la 4T, de no saber operar políticamente y de debilidad dentro de la coalición partidaria dominante.
Estos descalabros políticos de la doctora Sheimbaum parecen debilitarla al interior de Morena, a pesar, según las encuestas nacionales e internacionales de su amplia aceptación entre las mayorías, en la lucha interna de su partido para escoger a los candidatos a los puestos de elección popular el próximo año.
Si esto es cierto, quien sale favorecido es el señor de Palenque y los grupos políticos al interior de Morena que lo obedecen.
Políticamente lo más relevante este año para Morena y sus aliados en la 4T es el proceso de la selección de candidatos a gobernador y/o gobernadora que se inicia el próximo mes de junio. En el escenario actual es muy posible que la hija predilecta de la eminente científica Anie Pardo, recientemente declarada Doctora Honoris Causa por la UAS, no esté en condiciones de decidir la mayoría de las candidaturas, como dictaría la tradición que estableció el presidencialismo priista y que escrupulosamente respetó López Obrador, como bien nos lo recordó el Gobernador Rocha Moya con su caso.
A tan solo dos meses y medio de que se destapen los candidatos a gobernadora/gobernador de Morena, y debido a la poca fuerza que demostró Claudia Sheinbaum al interior de la 4T, lo cual le impidió que se aprobara el Plan B de su reforma electoral, López Obrador seguramente decidirá las candidaturas en los estados que para él y sus grupos les parecen más importantes.
Sin duda, Sinaloa es una de ellos. Nadie duda de por qué.
En un escenario tal, perdería posibilidades, aunque en todas las encuestas aparece arriba, la Senadora Imelda Castro. La experimentada política, se dice y seguramente es cierto, que es la candidata de la Presidenta Sheimbaum. Y, claro, si para Andrés Manuel López Obrador, Sinaloa es estratégico también lo es para Claudia Sheinbaum porque su estrategia de seguridad se define centralmente en la tierra de los once ríos y en la patria del tequila.
Si en Sinaloa, López Obrador se impone, lo más probable es que le extienda la decisión al Gobernador Rocha Moya. Como todos sabemos, si en nuestro estado la balanza se inclina por una mujer, la mano la lleva la doctora Tere Guerra, de larga trayectoria en las luchas sociales y políticas de la izquierda sinaloense, sin descartar a la Diputada Graciela Domínguez o que, quizá, haya una yegua negra. Si hay candidato, lo cual es poco probable, Juan de Díaz Gámez y Enrique Inzunza, bien es sabido, son los preferidos del doctor Rocha Moya.
Por la libre, quizá con el apoyo del Diputado Ramírez Cuéllar, del equipo de la Presidenta Sheinbaum, Vargas Landeros no ha colgado sus aspiraciones.
Por otro lado, no debemos olvidar que, como nunca, las agencias gringas siguen muy de cerca lo que está pasando en México y particularmente en estados como Sinaloa, estratégico para ellos en materia de seguridad nacional. El columnista Raymundo Riva Palacio confirmó esta semana en una de sus entregas que la Casa Blanca vigila a todos, en este caso a los empresarios que ve ligados al crimen organizado. Uno de ellos, sinaloense, ya fue candidato a un puesto de elección popular por el PAN y PRD. Mencionó a otro, que también fue líder político y universitario, pero ya falleció.
Así, que nadie dé un paso en falso.