En 1534, nace oficialmente la Iglesia anglicana, en una ruptura más política que teológica, liderada por el Rey Enrique VIII. El origen de la separación de la Iglesia católica es la negativa del Papa de concederle la anulación del matrimonio con Catalina de Aragón, debido a que no podía tener hijos.
Ese año, el Parlamento inglés reconoce al Rey como autoridad suprema de la Iglesia. Después, el anglicanismo asume posiciones teológicas del luteranismo, especialmente durante el reinado de Eduardo VI, que se consolidan con Isabel I. Al día de hoy hay 95 millones de anglicanos en el mundo, sobre todo en África, donde viven dos tercios de ellos.
El 25 de marzo de 2026, la Iglesia anglicana dio un paso histórico al nombrar por primera vez, en sus 500 años de existencia, a una mujer, Sarah Mullally, como Arzobispa de Canterbury, quien es la cabeza espiritual de los anglicanos de todo el mundo. Ella era Obispa de Londres.
Nació en 1962, en Woking, Inglaterra. A los 16 años se convirtió al cristianismo. Se formó en el Politécnico de South Bank y en Heythrop College, Universidad de Londres. Se especializó en enfermería oncológica y llegó a ser jefa de planta en el Hospital Westminster antes de ser nombrada directora de enfermería del Hospital Chelsea and Westminster.
En 1999, a los 37 años, fue nombrada directora general de enfermería del Gobierno para Inglaterra, en el Departamento de Salud. En ese trabajo sintió la vocación al sacerdocio y se formó como ministra en el Instituto de Educación Teológica del Sudeste.
A los 40 años, en 2001, se ordenó sacerdotisa. Ejerció su ministerio pastoral inicialmente como ministra independiente, antes de dejar su puesto en el Gobierno en 2004, lo que en aquel momento describió como “la decisión más importante que he tomado en mi vida”.
En 2012, fue nombrada canóniga de la Catedral de Salisbury y, tres años después, asumió el cargo de Obispa auxiliar de Crediton, Diócesis de Exeter, siendo la cuarta mujer Obispa de la Iglesia. El 12 de mayo de 2018, fue investida como la 133.ª Obispa de Londres en la catedral de San Pablo, siendo la primera mujer en ocupar ese cargo. Desde 2018 tiene un escaño en la Cámara de los Lores como miembro del cuerpo de oradores espirituales.
Entre los retos que tiene la nueva Arzobispa de Canterbury está hacer frente a las profundas divisiones dentro del anglicanismo en el mundo. Su nombramiento, por ejemplo, ha sido condenado por varios arzobispos en África.
Hay sectores del anglicanismo que rechazan su posición de bendecir el matrimonio igualitario, lo que genera tensiones en los sectores conservadores, especialmente en África y Asia. Ella no está de acuerdo con la muerte asistida, postura que sí aceptan otros sectores de la Iglesia.
La Arzobispa Mullally, en 1987, se casó con Eamonn Mullally, arquitecto de sistemas informáticos y empresariales. La pareja tiene dos hijos adultos, Liam y Grace. Ella ha hablado abiertamente en diversas ocasiones sobre su dislexia y las dificultades que tiene para leer y escribir. En su tiempo libre, le gusta cocinar, pasear y hacer cerámica.