Problemática

01/07/2026 04:00
    No podemos permanecer insensibles ante los problemas sociales que vemos a nuestro alrededor, es imposible asumir una posición neutral frente a las vicisitudes que enfrenta la sociedad. Ante ello no podemos permanecer al margen. Tenemos una clase política, lamentablemente, muy insensible o demasiado burocrática que, a menudo, aplica la táctica del avestruz de mejor mirar para otro lado, en lugar de poner manos a la obra y resolver escuchando a los que exigen justicia

    No podemos sustraernos de la problemática social. Por más que pretendamos eludir sus efectos, no lograremos evadirlos y, cuando menos pensamos, ya estamos metidos hasta las cachas, como dice el vulgo, porque el espacio es muy angosto y no queda pa’ dónde hacerse. Además, esa es la función del periodista, opinar, velar por el bien de la sociedad y tratar de deshacer entuertos.

    Hay protestas por todos lados, sobre diversos asuntos que atañen a los ciudadanos y que requieren la atención de las instituciones implicadas, con el fin de que se imponga la razón y la justicia. Hay vicisitudes que laceran a la ciudadanía. La problemática social es inagotable y los más perjudicados, como siempre, son los que menos tienen.

    No podemos permanecer insensibles ante los problemas sociales que vemos a nuestro alrededor, es imposible asumir una posición neutral frente a las vicisitudes que enfrenta la sociedad. Ante ello no podemos permanecer al margen. Tenemos una clase política, lamentablemente, muy insensible o demasiado burocrática que, a menudo, aplica la táctica del avestruz de mejor mirar para otro lado, en lugar de poner manos a la obra y resolver escuchando a los que exigen justicia. Ante esta verdad incontrastable, tenemos que estar en permanente lucha por hacer que prevalezca la justicia a favor de las capas más desvalidas de la sociedad.

    La consigna de “con el pueblo todo, sin el pueblo nada” a la hora de gobernar no debe quedarse sólo como frase bonita ni mero eslogan de campaña. La sociedad aún tiene muchos agravios y entuertos que no han encontrado solución y se necesita una nueva generación de gobernantes, sensibles, que sepan tomar decisiones a favor de la solución de la agenda social.

    A lo largo y ancho del estado, diversos sectores enfrentan las más diversas problemáticas, entre las que destacan la defensa de los pueblos originarios de su territorio, que es una lucha de alcance global frente a las transnacionales contaminantes; las madres buscadoras, quienes, con razón, exigen justicia para encontrar a sus hijos desaparecidos; los jubilados de la Universidad, a quienes se les ha violentado, por parte de un Rector y su élite burocrática “dorada”, sus derechos laborales adquiridos y se les hacen ilegales descuentos de sus magros salarios; la exigencia de mejores precios de garantía a las cosechas de los agricultores para seguir haciendo más o menos rentable el noble trabajo agrícola, etc. En fin, es tan compleja y sabida la problemática social en nuestro estado que se necesita, de manera urgente, atenderla con un sentido de justicia, tal como exigen los diversos sectores en lucha.

    Y es precisamente eso lo que los ciudadanos queremos escuchar de los muchos suspirantes que han surgido -de todos los partidos políticos- con miras a las trascendentales elecciones que tendrán lugar el próximo año en Sinaloa. Lo que el ciudadano quiere no es sólo la tradicional pasarela de quienes buscan congraciarse y captar la atención del electorado. Quiere conocer sus programas de gobierno, su filosofía y cómo será su estilo de gobernanza y, sobre todo, qué van a hacer para resolver la urgente agenda social que, ya sea por inercia o burocratismo, ha ido creciendo como bola de nieve y se ha vuelto cada vez más problemática.

    Quizá deberíamos comenzar por lo más sencillo, acortar las distancias entre gobernantes y gobernados, estar más atentos en encontrar soluciones a las demandas de los ciudadanos, extirpar la prepotencia e insensibilidad de la burocracia en todos los niveles, que da una pésima atención en las oficinas donde se atiende al público. El buen trato debe ser la regla (y no la excepción) para que la gente salga contenta y con buena opinión del funcionario que atiende en las oficinas públicas del gobierno.

    De acuerdo con lo anterior, es muy importante establecer el servicio público de carrera. De esta manera se combatiría la improvisación de los funcionarios y mejoraría su eficiencia y el trato que dan a los ciudadanos. Algunos estados del Sur -como Puebla y Tlaxcala- han tomado medidas en este sentido, para brindar por parte de los funcionarios un servicio de excelencia. El buen trato y la atención expedita de los trámites administrativos son elementos que deben arraigarse y formar parte también de nuestra cultura política.

    Queda asentada nuestra modesta propuesta para terminar con el despotismo tan arraigado en la burocracia norteña. Esperamos que, poco a poco, se vaya avanzando en un trato amable por parte de nuestra burocracia y los ciudadanos seamos tratados con la amabilidad que merecemos.