Las mil caras del machismo en México
El machismo afecta a la dignidad humana desde el momento en que pretende dictar a las personas cómo debemos actuar, pensar y ser dependiendo de nuestro sexo. Perjudica cuando juzga y en ocasiones hasta castiga por no seguir el rol que por naturaleza 'nos toca'
Según la periodista y activista Lydia Cacho, el machismo es la idealización de la violencia como medio, como fin, como instrumento educativo coercitivo; es una trampa que normaliza lo inaceptable. Esto se puede ver complementado con la noción que presenta la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres, la cual señala que el machismo es el conjunto de actitudes y comportamientos que violentan injustamente la dignidad de la mujer en comparación con el varón.
De acuerdo con el libro "El machismo invisible regresa" de la autora Marina Castañeda, el machismo en el mundo actual genera expectativas y aspiraciones diferentes, según el género.
Por ejemplo, hablando de las emociones, a los hombres se les "prohíbe" tener alguna de ellas, pues no deben mostrar temor y la ternura se considera poco viril. En el ámbito familiar, el machismo define roles distintos para hombre y mujer, pues se tienen expectativas distintas dependiendo si se es padre o madre, hijo o hija. El machismo atribuye aptitudes, cualidades y defectos diferentes a cada género. Los hombres deben ser racionales, proactivos y agresivos; las mujeres sentimentales, dóciles y pacíficas.
El machismo es un problema que fomenta estereotipos sin relación alguna con la capacidad real que tiene cada persona, como, por ejemplo, cuando se dice que los hombres son los "razonables" y las mujeres las "emotivas". Más allá de la distinción de las aptitudes, hay una jerarquía de cualidades de cada género, en la cual las características consideradas masculinas tienen un lugar privilegiado en la vida laboral y social. Se considera que los hombres saben más sobre algunos temas como economía, finanzas, política y negocios sólo por ser hombres.
De manera adicional, el machismo obstaculiza el óptimo desarrollo de la sociedad, imponiendo ideologías que conllevan a tener prejuicios sobre una persona según su género, asumiendo que por el simple hecho de ser hombre o mujer se tiene una habilidad natural para realizar ciertas tareas o es su deber tener conocimiento sobre ciertos temas y, por si fuera poco, fomenta el juicio negativo hacia las personas que poseen habilidades o conocimiento en lo que, según el machismo, no les concierne.
El machismo impide el paso hacia una sociedad más tolerante e igualitaria, repercutiendo en el desarrollo de las personas en el ámbito laboral, sexual, doméstico, intelectual y emocional.
El machismo desde el hogar
En el hogar mexicano, el machismo sigue teniendo una posición de privilegio en la atribución y jerarquización de cualidades, ya que, para muchas familias, no se espera que los hombres sean buenos en actividades del hogar, barriendo, sacudiendo, cocinando o cuidando a los niños; en cambio, sí se espera que sepan mecánica, plomería, eléctrica, cosas "más útiles" según la sociedad.
Tiempo atrás, en la sociedad premoderna, el hombre tenía el papel de jefe del hogar y era la mayor autoridad de la casa, ya que era el principal proveedor y tenía una fuerte presencia en la educación y disciplina de los hijos.
En la actualidad, según una encuesta nacional del INEGI, 21% de los hombres reconoce que nunca cuida a los niños y un 52% señala que los cuida "a veces". Esto significa que, en las tres cuartas partes de los hogares mexicanos, los niños están creciendo con padres afectivamente ausentes o distantes.
La división del trabajo en el hogar sigue, pues, rigiéndose por el machismo. De forma contraria, las labores domésticas se consideran, casi exclusivamente, responsabilidad de las mujeres: madre, hermana, esposa, hija y sirvienta cuando la hay.
Según datos del INEGI, 49% de los hombres dedica en promedio menos de ocho horas por semana al trabajo doméstico, labor a la que 49% de las mujeres dedica 60 horas. Los hombres dedican 6.2 horas en promedio a la semana a limpiar la casa, mientras que en esta actividad las mujeres ocupan 27.7 horas. Los hombres cocinan en promedio 3.8 horas a la semana, labor en la que las mujeres invierten 11.3 horas.
Aunque esto pudiera no aproximarse a la idea general que tenemos del machismo, son actitudes, comportamientos y decisiones que atentan contra la igualdad, abonando a la ya amplia brecha de género. Por ende, el machismo puede mostrar múltiples rostros, más allá de los chistes y el maltrato a la mujer, evolucionando hacia aquellas acciones que permiten continuar con patrones que promueven la desigualdad.
La otra cara de la desigualdad
En lo sexual, los hombres no somos mal vistos por ser promiscuos, incluso somos aplaudidos por ello o, por lo menos, está normalizado que un hombre sea infiel. En cambio, con las mujeres se espera virginidad hasta el matrimonio y que sean infieles se convierte en todo un escándalo. El machismo establece una doble moral en la que los privilegiados somos casi siempre, los hombres. Castañeda, en el libro ya mencionado anteriormente, señala cómo el machismo establece roles polarizados: el hombre caliente y la mujer frígida. Los dos se ven obligados a respetar los estereotipos de actitudes que, por supuesto, son artificiales.
En este mismo tenor, muchos hombres se sienten obligados a adoptar actitudes que no siempre corresponden a su verdadero sentir y que no siempre son apropiadas. Es difícil para hombres y mujeres salirse de sus roles preestablecidos, porque están en juego valores muy arraigados y porque la mayoría de la gente prefiere no hablar de estos temas.
Pero, veamos, ¿los hombres también se verán afectados por el machismo? Según una nota publicada en 2011 por el Instituto Geledés de la Mujer Negra (organización brasileña que atiende y educa sobre temas de género y discriminación), el machismo también perjudica a los varones al tener que enfrentar violencia de género cuando las mujeres les exigen o los violentan para que no se comporten como "mujercitas" o "afeminados", cuando se interesan en aspectos que no son tolerados por los "machos de la manada".
Esto suele venir acompañado por la enseñanza a no expresar de una manera abierta y asertiva sus emociones, sino a callarlas, anularlas o negarlas, por considerar que ciertas manifestaciones emocionales son propias de mujeres: llorar, tener miedo, sentirse inseguro, interesarse en el arte. Se los educa para comportarse como machos y para tratar a las mujeres como seres inferiores, provocando con eso serias distorsiones en su desarrollo e identidad personal.
Volviendo al punto de partida
Para Jackson Katz, citado en el libro "#EllosHablan" de Lydia Cacho, el machismo es un concepto cultural destructivo en el que todos y todas perdemos; sólo unidos podemos encontrar la fórmula para erradicarlo. El diálogo, la introspección, el debate, la empatía y el reconocimiento de la alteridad son elementos vitales para defender el hecho de que llegó la hora de erradicar el machismo y la doble moral que lo enmascara.
El machismo es relevante porque sigue presente en nuestra sociedad. Como ya se mencionó anteriormente, no ha desaparecido, solo ha evolucionado: tiene tanto tiempo en la historia que cada vez es más difícil percatarnos de las actitudes y/o acciones causadas por esta ideología de desigualdad entre hombre y mujer, pues ha pasado a ser algo inconsciente. Aunque el machismo ponga al hombre como superior y se perciba como que él es el beneficiado de todo esto, me atrevo a matizar esta afirmación: el machismo impone roles sin importar la voluntad de las personas y le dicta y reprime a ambas. Además, hay que subrayar que la práctica machista no proviene exclusivamente de hombres hacia mujeres o de hombres hacia hombres sino también de mujer a mujer y de mujer a hombre.
El machismo afecta a la dignidad humana desde el momento en que pretende dictar a las personas cómo debemos actuar, pensar y ser dependiendo de nuestro sexo. Perjudica cuando juzga y en ocasiones hasta castiga por no seguir el rol que por naturaleza "nos toca".
El machismo es, pues, un problema que nos concierne a todos. No es un tema de mujeres o una lucha que solo concierna a los grupos feministas. Este es un mal que está tan arraigado en nuestra sociedad que la mayoría de las situaciones machistas que se nos presentan pasan desapercibidas. Estamos tan acostumbrados al machismo y sus manifestaciones, que parece que lo hemos hecho parte de nuestra cultura.
El machismo afecta a las mujeres principalmente, es cierto, al verlas y tratarlas como inferiores, pero también afecta a los hombres debido a los estándares dictados por la sociedad machista sobre cómo debe ser y actuar. Así pues, el machismo pone limitantes para todos, ampliando la brecha de las desigualdades. Hay que acabar con él.
El autor es estudiante de la Licenciatura en Medios y Cultura Digital en el Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara.
Responsable
Ernesto Diez Martínez Guzmán
Comentarios
diez.martinez@itesm.mx"Las opiniones expresadas en esta página son responsabilidad de sus autores. No necesariamente representan el punto de vista del Tecnológico de Monterrey".