"Reflexiones sobre el fundamento de las habilidades y competencias directivas "
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21/08/2016 23:53
Es condición indispensable, en el ejercicio directivo de un colaborador, denotar su convicción interna, impulsada por sus capacidades. Las competencias y habilidades se manifiestan en la función directiva, como un conjunto de comportamientos observables y habituales, que tienen un fundamento más profundo. No sólo basta la capacidad de saber y de hacer, hay que completar a la persona enfocándola con la actitud interna del bien obrar. La unicidad de la persona, es innegable y la huella que deja en su actuar diario, es definitivamente observable. De lo anterior impera viajar a lo profundo de ser humano para desde sus virtudes personales, conectarlo a la realidad de la actividad empresarial.
Nos preguntamos, junto a Miguel Ángel Peláez en su libro de “Ética, Profesión y Virtud”, ¿qué relación tiene el ser profesionalmente virtuoso con las competencias y habilidades directivas?, ¿serán sólo las técnicas aprendidas para cada actividad empresarial, elementos suficientes para lograr el prestigio profesional o hay algo más que sostiene el hacer personal directivo?, ¿será necesario comprender, o re-aprender, que además del perfecto aprendizaje y aplicación de las técnicas del “management” contemporáneo, el entendimiento de la esencia de la persona en su hacer en la empresa? (Peláez,1991). Al hablar de las competencias y habilidades relacionadas a la función directiva buscamos sus cimientos en las cualidades profundas de las personas, que nos hace denotar, en y con el trabajo, la inteligencia, la voluntad y el carácter, enfocados a dar resultados rentables basados en decisiones oportunas y justas respecto de los recursos asignados.
El prestigio directivo nace con el saber prudencial. Scalzo (2016) apunta al citar a Aristóteles que la prudencia es “un hábito práctico verdadero, acompañado de la razón, sobre las cosas buenas y malas para el hombre”.
La actividad directiva con el calificativo de prudencial, es iluminada con la razón; pero guiada en la acción hasta su fin por la voluntad. La prudencia arranca con el descubrimiento de que algo merece la pena hacerse, de allí se decide y se pasa a la acción. “Está involucrada en toda la psique de un modo enteramente maduro, tal es así que cualquier cosa que hagamos, la haremos no solamente bien, sino también de manera creativa, responsable, velozmente si es necesario y con agrado”.
Llano (1979), en su libro de “Análisis de la Acción Directiva” menciona en relación a la toma de decisiones directivas que, “hay quien piensa que los modernos modelos de diagnóstico, van estrechando a tal punto, la toma de decisiones, que ya prácticamente son generadas por estas herramientas”. Hay aparente certidumbre. Ante la eliminación de la ambigüedad, no habría nada que decidir. Al actuar sobre circunstancias ciertas no hay ejercicio de la toma de decisiones. En la vida de las organizaciones existe la realidad de la falta de claridad. Por ello no es suficiente el saber y el poder hacer que da el “management” contemporáneo ofreciendo las bases al diagnóstico y el control que ejerce el directivo. La persona directiva tomará las decisiones interrelacionado todas las realidades de una situación empresarial, para cerrar la brecha entre la oportunidad y las capacidades de sus recursos y colaboradores. (Llano, 1979). Un modelo racional no prevé nuestra limitada capacidad humana, para analizar cantidades ilimitadas de información para tomar una decisión y si finalmente se tomará una, ésta no necesariamente será óptima. Bazerman y Moore (2013). Terán (2015), menciona y señala, de la economía del comportamiento que estudia el proceso de cómo las decisiones son tomadas, que éstas son “eventualmente” influenciadas por nuestras percepciones, prejuicios, así como nuestras preconcepciones. Este conocimiento personal, junto con la humildad y la verdad, nos permite ubicar en su justa dimensión estos sesgos que pueden influir en la toma de decisiones. Todavía más allá, nos da la oportunidad de que el ejercicio de la inteligencia y la voluntad surjan como la guía de la actividad directiva. El autoconocimiento nos permite entender esta limitación y nos anima a tomar la decisión, sabiendo primero que no tendremos certeza acabada del resultado final; segundo que deberemos con la prudencia directiva analizar, sintetizar y tercero decidir e implementar la solución, asegurando el mayor porcentaje de acierto, ejecutando sobre lo que hemos determinado hacer. Esta realidad, más que generar desaliento para avanzar en la decisión y actuar, nos previene para formar en el directivo la capacidad, de cerrar la distancia entre la oportunidad y sus recursos, dando paso a la posibilidad de acertar, y lograr con voluntad aquello que se ha determinado hacer. Determinación. No con terquedad, sino la alianza con el proceso inteligente - racional dela prudencia, para revisar el camino, iterar nuevas variables y en su caso ajustar finamente con humildad, el curso de acción.
En la persona está presente, por su naturaleza, la búsqueda del crecimiento y la excelencia. La persona no está enteramente acabada. Los hábitos como las virtudes, merecen la práctica, el error y el acierto. Cuando se falla, rectificar y retomar el rumbo con el mismo empeño. ¿Cómo desarrollarlas?
La prudencia es la “perfección de la vida activa, virtud operativa cuyo actuar concreto está precedido del conocimiento de la situación específica de las cosas y de las circunstancias que orientan la decisión”. Diríamos que algunas de las habilidades y competencias surgidas de esta virtud son: la cordura, el equilibrio interior, la mesura, la imparcialidad, la equidad al juzgar y considerar problemas y situaciones”. “Capacidad pues, de tomar decisiones sensatas y oportunas”. (Peláez, 1991).
La templanza como la renuncia de sí. “Toda decisión clausura el futuro de otras alternativas y produce una ruptura, una cancelación de otros aspectos que si se quiere ser consecuente no se pueden volver a revivir. El logro del objetivo definido y la decisión sobre él, exigen una incesante renuncia que es el precio que debe pagase por el logro del mismo. La necesidad de logro implica la necesidad de renuncia”. (Llano, 1979). “Quemando las naves”, empujando con voluntad nuestras acciones; sin soberbia; sino más bien con la iteración de las nuevas variables encontradas a lo largo del tiempo hasta lograr la meta.
Para la empresa, la búsqueda de estas características en su capital humano comienza primero en decidir con voluntad estratégica, de parte de los que legal y jerárquicamente son los líderes de la organización, el desear para ella y sus colaboradores, la excelencia operativa. Segundo incluir en sus procesos de capital humano, la orientación y flexibilidad para captar estas personas virtuosas y retenerlas. Tercero asegurar en la organización la práctica, seguimiento y fortalecimiento de estos comportamientos deseados. Cuarto diseñar e implementar mecanismos sistemáticos e institucionales, ejecutados por directivos de primer nivel que hagan la función de mentor-facilitador que coadyuven con su liderazgo de ejemplo, el cultivar formalmente estos pilares que hemos mencionado. Quinto motivar el compromiso del colaborador para llevar a la práctica y desarrollar en sí mismo y en otros estas virtudes.
Ahora, a enfocar y actuar. Las competencias y habilidades son sólo la parte superficial de una fuerza más profunda que mueve a la persona en la que buscamos: capacidad directiva no exclusiva de la dirección general. El pensamiento prudencial, la fortaleza y determinación, la justicia respecto a las personas y los recursos, junto a la templanza son las virtudes humanas, fundamento de las competencias y habilidades directivas. Sin ellas, estas competencias y habilidades, tenderían a desaparecer por la falta de profundidad y propósito personal. Para desarrollarlas es condición, para las personas, la práctica continua de ellas. Hacernos de este tamaño de colaboradores y fomentar su formación, nos permitirá como organización permanecer en el tiempo y trascender en la sociedad haciendo bien el Bien.
MBA. Director de Vinculación y Proyectos
ICAMI Centro de Formación y Perfeccionamiento Directivo Región Norte