Joel Díaz Fonseca
Se atribuye al escritor Mark Twain esta sentencia sobre la propensión de los seres humanos a falsear los hechos: “Hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas”.
Independientemente del cariz irónico de la sentencia de Twain, hay que reconocer que encierra una gran verdad, que contrasta con los tres niveles de mentira a que se refiere, sobre todo si se le analiza a la luz de las falacias con que se apuntalan la política y las formas de administrar el mandato que les confiere la soberanía popular a quienes son elegidos para gobernar o para legislar.
Nuestros gobernantes y la clase política en general son dados a recurrir a estadísticas, moldeadas a modo, para encubrir su poca o nula productividad, o para justificar las desviaciones de recursos del erario o las puñaladas traperas asestadas a la sociedad vía el Legislativo.
Culpan a otros, especialmente a sus críticos, de sus propios desatinos y sus turbios manejos, pero es aún más grave que abusando de su poder se lancen como fieras contra quienes los exhiben y cuestionan.
Los gobernantes, como señalaba el filósofo francés Denis Diderot, se solazan con la mentira que los adula y cierran los oídos a la crítica. “No oigo, soy de palo”, dicen la mayoría de los gobernantes con sonrisa burlona.
El de Carlos Felton es un claro ejemplo de Gobierno bajo esos esquemas. Se echa porras constantemente, pero no acepta la crítica y arremete contra quienes señalan y exhiben sus excesos y su opacidad, incluso culpa a sus subalternos de lo que a todas luces son sus propios yerros y hasta sus “metidas de pata”.
El 30 de abril escribió en Facebook: “Mazatlán ya no es el mismo de hace tres años. Inversión, empleo, limpieza, seguridad. Aunque les duela a muchos”.
No tuvo que esperar mucho por la respuesta, numerosos cibernautas lo dejaron en evidencia en su misma plataforma.
Incluso el regidor Jorge Rodríguez Pasos criticó que el Alcalde Felton haya preferido gastar en banquetes y comidas o en honorarios a despachos contables “de marca”, que invertir en obra pública.
Manifestó el edil que mientras Alejandro Higuera destinó tan solo en su último año de Gobierno a obra pública 357 millones 216 mil pesos, es decir, el 24.18 por ciento del presupuesto, Felton destinó durante 2014 y 2015 apenas el 11.28 y el 12.66 por ciento, respectivamente. Este año, al mes de septiembre, explicó Rodríguez Pasos, lleva la misma tendencia, es decir, no más del 12 por ciento del presupuesto.
Es clásica además su proclividad a culpar a otros de las consecuencias de su “adelantamiento de vísperas”.
El 22 de septiembre de 2015, ante las protestas por la construcción de un Oxxo en la esquina de Carnaval y Constitución, Felton dijo que no le habían tomado parecer para esa obra, y como una manera de quitarse la responsabilidad de ese desaguisado, dijo que había girado instrucciones a la Dirección de Planeación para que en lo sucesivo no otorgara ningún permiso de construcción si antes no pasaba por su escritorio para una revisión.
Por supuesto que nadie se traga el cuento de que sus subalternos se salten las trancas. De hecho el entonces Secretario de Turismo, Frank Córdova, dio una explicación del por qué el Ayuntamiento dio marcha atrás en ese caso.
La principal razón del rechazo al Oxxo, explicó, fue porque “chocaba” con el concepto de un nuevo restaurante en la Plazuela Machado, “un lugar de alta cocina, cuya inversión rebasa el millón de dólares”.
Se refería obviamente al restaurante de Ernesto Coppel. No podían ponerse a las patadas con Sansón, así es que mandaron el Oxxo a un costado del Palacio y santo remedio.
El 30 de diciembre de 2014, estando a unas horas de tomar posesión del cargo, Felton señaló en entrevista con Noroeste que Mazatlán no podía ya darse el lujo de crecer con parchecitos, sin embargo, lo que enumeró en su tercer informe fueron ampliaciones y regeneraciones o remodelaciones de obras, no los grandes proyectos prometidos.
Hace unos días, ante el “vacío” que le hicieron los dirigentes de los diferentes organismos camarales, que por redes sociales se pusieron de acuerdo para no asistir al informe en protesta por la falta de claridad en el manejo de los recursos, Felton dijo que no asistieron porque se fueron a Estrella del Mar a la boda del hijo de Jesús Vizcarra. Como siempre, la negación absoluta de la realidad.
Culpar a otros de programas fallidos, como la desaprobación a su pretendida compra de lámparas LED, o la no aprobación, también, de un crédito para la presumible adquisición de 30 camiones recolectores de basura y 50 patrullas, ha sido la constante. Tuvo que quitarles a varios de sus funcionarios los vehículos que les había asignado (del famoso paquete de 77 unidades) para habilitarlos como patrullas.
Como se ve, la especialidad del Alcalde de Mazatlán ha sido, y seguramente así será hasta el último día de su gestión, el reparto de culpas.