Rodolfo Valenzuela llegó al Congreso por la vía de la mayoría, ganó su distrito, se asume abiertamente “rochista”, es Legislador del Verde, pero mueve piezas en Morena. No titubea y dice en conferencia de prensa que existe un “distanciamiento” entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. Le puso rostro a la crítica, mencionó al nuevo titular de Obras Públicas y a funcionarios de Administración y Finanzas. Le mandó un mensaje a la Gobernadora vía los medios de comunicación: “Que le diga a su equipo de trabajo, a sus instituciones y sus representantes que nos atiendan”.
De inmediato, la respuesta; algunos legisladores morenistas lo desmintieron, otros simplemente se quedaron en silencio. Suenan los tambores de guerra en el marco de la definición de las coordinaciones municipales y distritales, la discusión entre el Ejecutivo y Legislativo va en este sentido, apunta más al jaloneo político. Los grupos, las tribus o las facciones se están mandando mensajes mientras los líderes tensan las cuerdas.
La ciencia política ha tratado de medir todo, de cuantificar, según los modelos estadounidenses de las escuelas de Harvard, el MIT de Massachusetts y Princeton, las relaciones del poder y los mecanismos de tensión entre actores e instituciones. No existe manual o teoría que explique o responda: ¿cuánta presión por tensión soporta una negociación o acuerdo político?, eso va más con la escuela europea que se estudia en Florencia, la Sorbona de París o la de Salamanca en España.
Jalar la cuerda y utilizar los mecanismos de “presión” para negociar, va más de la mano del arte de lo político, de lo no cuantitativo, sino de lo cualitativo logrado en un análisis de contexto histórico-social. Y en esto, el comparacionismo o enfoque metodológico comparado, no aplica sistemas políticos lejanos o contextos fuera de nuestra realidad. La comparación se hace con riguroso criterio local, de procesos socio-políticos de pasado reciente y lejano.
Cuando Rocha tenía el poder de pleno y de llano, tres actores tensaron la cuerda de la negociación política. No eran legisladores, eran titulares de poderes ejecutivos locales. Uno era Alcalde de Ahome, otro de Mazatlán y un tercero de la capital del Estado de Sinaloa. Los tres siguieron caminos comunes; acusaciones, desafueros, procesos penales y ostracismo. Con razones o sin ellas, se sintió la mano dura y se mantuvo el control del gobierno. El régimen suele tolerar poco las subversiones internas.
Algunos parecen entenderlo y otros olvidarlo, el control político en el Movimiento de Regeneración Nacional es propio del régimen centralista, que mantiene controles férreos en directrices verticales y unidireccionales. Hoy la Gobernadora es Graciela Dominguez Nava, no hay en la historia gubernaturas bicéfalas. Eso fue un acuerdo de partes que se pactó ante la Presidencia. En esa misma jugada, la coordinación estatal fue para la Senadora Imelda Castro y el resto de los espacios serían repartidos a condición de un par de cosas: disciplina política y lealtad partidista.
La metodología de elección interna no es a contentillo de los apuntados precandidatos, el método de selección está dado por la Comisión Nacional de Elecciones y lo inventó el mismo Andrés Manuel López Obrador, la consulta es: “al pueblo mediante encuestas”, y en ese sentido “el pueblo no se equivoca”. En perspectiva de lo pasado, pueden tomar el camino que tomó Ebrard y su equipo en 2021, protestar el método, pero al final levantar la mano de la ganadora, o de lo contrario desconocer el procedimiento y hacer camino junto a Estrada Ferreiro para pedir un lugar en la despanzurrada Oposición.
Si analizamos los mensajes y discursos de los que hoy contienden buscando candidaturas de alcaldías y diputaciones, particularmente de aquellas y aquellos que fueron pretensos de la Gubernatura, siguen privilegiando la tensión interna sobre el acuerdo, generando condiciones para la discordia más que para los consensos y eso debe preocuparles. El único camino que les garantiza la continuidad y sobrevivencia política es Morena y la 4T.
Y si no les queda claro, podrían ver el reflejo de su estrella futura en la anémica representación política de Estrada Ferreiro, quien de la mano de Morena ganó Culiacán con tremendo margen, pero cuando buscó la Senaduría por cuenta propia se desbarrancó al fondo de las preferencias. Nadie come lumbre y, al final, hasta los más ególatras y arrogantes entienden lo que el de Macuspana sentenció: Con Morena todo, sin Morena nada. Luego le seguimos...