Se instala en México un sistema territorial de control social basado en la crueldad
Basado en la contribución de más de 30 personas especialistas, el nuevo reporte “Geografías de la crueldad”, elaborado por el Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana CDMX junto con el Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México y México Evalúa, analiza la violencia en México desde una perspectiva distinta a la que suele dominar en la discusión pública.
En lugar de limitarse al conteo de delitos, propone comprender cómo se organiza territorial y socialmente la violencia. En ese sentido, invita a dejar de entenderla como una suma de delitos aislados y a verla como un sistema territorial de control social basado en la crueldad.
El informe sostiene que la violencia en México opera como un sistema territorial en el que distintas formas de violencia están interconectadas. Homicidios, desapariciones, reclutamiento criminal, feminicidios o desplazamientos forzados no serían fenómenos independientes, sino componentes de una misma estructura de control y dominación en determinados territorios. Bajo esta lógica, el homicidio aparece sólo como el “nodo visible” de una red mucho más amplia de violencias.
Desde esta perspectiva, las estadísticas tradicionales resultan insuficientes para comprender el fenómeno. Las políticas públicas suelen concentrarse en medir delitos -especialmente homicidios-, pero rara vez analizan la función social y territorial que la violencia desempeña. En muchos contextos, la violencia se expresa como un entramado que combina desapariciones, feminicidios, fosas clandestinas, reclutamiento criminal -incluido el de jóvenes-, desplazamiento forzado, extorsión y diversas formas de control social. En conjunto, estas prácticas configuran un sistema de dominación criminal sobre territorios y poblaciones.
El reporte también advierte que la violencia no necesariamente está disminuyendo, sino que puede estar transformándose o desplazándose hacia modalidades menos visibles, como las desapariciones o el desplazamiento forzado. Al mismo tiempo, la violencia se dirige cada vez más contra quienes intentan documentarla o enfrentarla: colectivos de búsqueda, periodistas, académicos, representantes de iglesias y organizaciones civiles. Intimidar o eliminar a estos actores debilita las redes sociales capaces de resistir el control criminal.
El fenómeno del reclutamiento criminal conecta la violencia con dinámicas sociales, económicas y territoriales más amplias, particularmente entre jóvenes. La violencia contra niñas, niños y adolescentes en México ha alcanzado niveles superiores a los registrados en algunos países en guerra en 2025.
En este contexto, el reporte propone entender la violencia como una tecnología de control social y territorial. En ciertos territorios, las organizaciones criminales combinan distintos repertorios de violencia para controlar economías locales, disciplinar comunidades, dominar rutas o mercados y capturar instituciones.
La crueldad extrema -tortura, desaparición o exposición pública de cuerpos- cumple además una función comunicativa: producir miedo, enviar mensajes y asegurar obediencia.
Medir el homicidio es importante, desde luego, pero cada vez más insuficiente, una vez que se le descubre como la punta del iceberg de un sistema criminal de control territorial en expansión.