Sencillez y generosidad

    Viviste con sencillez y humildad, sin pretender lujos ni ostentaciones.

    Te apagaste lentamente, como cirio que inmola la cera de su cuerpo para iluminar a los demás. Tus esfuerzos, sacrificios y desvelos fueron callados, sin hacer alharaca ni buscar protagonismos. Cuando la entrega es generosa y sincera se fragua en el incandescente horno del silencio.

    Originario de Villa Guerrero, Jalisco, ingresaste al seminario de Sinaloa (todavía no había sido creada la Diócesis de Mazatlán) casi a los 17 años. Te distinguiste por tu trato sereno, amable y respetuoso. Tu espiritualidad no era afectada, teatral o de pose, sino que manaba de la apacible fuente del corazón.

    Fuiste ordenado sacerdote el 29 de junio de 1965 y realizaste tu labor pastoral en varias comunidades, parroquias y destinos: Quilá; Navolato; Sinaloa de Leyva; San Pedro; El Carmen y San Antonio de Padua, en Culiacán; formador del seminario y Vicario Episcopal del Clero, y entre tus reconocimientos fuiste nombrado Monseñor.

    La primera misa que se celebró en la parroquia de El Carmen por tu eterno descanso fue presidida por Monseñor Francisco Sarabia Barraza, quien reconoció que la vocación sacerdotal nació en él debido a que los seminaristas iban de vacaciones a su pueblo: Chametla. Recordó que los primeros zapatos que tuvo se los regalaste tú, con una generosidad callada y deferente.

    Viviste con sencillez y humildad, sin pretender lujos ni ostentaciones. Si adquiriste algún carro nuevo fue porque el Padre Agustín González Topete, que de Dios goce, te prestaba dinero para que se lo pagaras en los plazos que pudieras y sin intereses.

    Con qué gozo viajaste a Roma y a Tierra Santa, en 1994, invitado por el Obispo Benjamín Jiménez, cuando le tocó hacer la visita “ad limina” para informar del proceso evangelizador de la diócesis.

    ¡Descansa en paz, Padre Simón García Casas!

    ¿Soy sencillo y generoso?

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