Si a muchos nos asusta el pensamiento de la muerte, con mayor razón nos aflige encontrar el sentido del dolor, de la pérdida, del revés, del sufrimiento. No podemos contentarnos con repetir la canción que interpretaba el grupo Los Solitarios: “Sufrir me tocó a mí en esta vida. Llorar es mi destino hasta el morir. No importa que la gente me critique. Si así lo quiere Dios, si así lo quiere Dios, yo tengo que cumplir”.
En la serie de entrevistas que el periodista Jesús Quintero hizo al poeta Antonio Gala en el programa Trece noches, le preguntó: “¿No estamos aquí para sufrir?”
Sin pensarlo demasiado, Gala replicó que un sufrimiento bien llevado ayuda a madurar y a crecer: “¡Naturalmente que no! ¿Quién puede pensar esa especie de canallada masoquista? El sufrimiento sucede como suceden las tormentas. Supongo que tendrá alguna causa secreta. Yo veo una, que es el crecimiento. El sufrimiento ayuda a crecer, como el alimento, pero tiene que ser bien digerido”.
Agregó: “El sufrimiento, cuando no se digiere bien, cuando se enquista, se transforma en resentimiento, y entonces es absolutamente contraproducente. Pero no hay que temerlo. Lo mismo que se achican los estómagos de esas personas que no quieren engordar y comen poco, también se achica el alma de los que se niegan a sufrir”.
Especificó que actualmente ya no se hacen las cosas con amor, mucho menos el trabajo: Estoy haciendo un llamamiento para que trabaje la gente en lo que ama. Me parece que estamos atravesando una crisis de desamor. Ya ni el amor se hace con amor, y el trabajo en escasas ocasiones se hace con amor. El trabajo multiplicador del hombre, el trabajo que lo cumple, que lo realiza debe ser un trabajo enamorado”.
¿Encuentro sentido al sufrimiento?