Convocado por el periódico Noroeste, el pasado 16 de junio visité Culiacán, Sinaloa, donde coordiné un taller e impartí una conferencia, ambos bajo el título Seguridad ciudadana, qué nos toca para la reconstrucción. Compartir la experiencia del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México fue el motivo principal de la invitación.
Si podemos entender que Sinaloa es un lugar donde padecen violencias crónicas, desde el Programa de Seguridad Ciudadana nuestra pregunta es cómo ayudar a incidir en lo concreto a favor de la seguridad, la justicia y la construcción de paz. El reto con el que trabajamos todos los días es contribuir en la construcción de saberes a favor de transformaciones verificables en la ruta de la seguridad ciudadana. Funcionamos como un nodo donde se encuentran la teoría y la práctica a través de múltiples formatos, pero siempre pensando en la derrama de aprendizaje y su aplicación práctica.
Asumimos la responsabilidad de escuchar, dialogar y promover salidas concretas que agreguen valor y tengan sentido desde una perspectiva situada. Sabemos que las lecciones aprendidas a través de la investigación científica en torno a estos temas deben ser puestas a disposición de los saberes locales y no al revés. En otras palabras, bajo nuestro paradigma de incidencia, la academia está, primero, para escuchar, y desde ahí contribuir hacia la acción colectiva.
La propuesta analítica que llevamos a Culiacán comenzó por nuestra declaración de principios: “No hay seguridad ciudadana eficaz, legítima y sostenida sin el soporte de la participación social”. Durante tres décadas y media lo hemos comprobado y, si no empezamos por ahí, todo lo que sigue puede repetir viejos errores. Luego invitamos a preguntarnos por el “aprendizaje de la resignación”, entendido como el “proceso cognitivo y emocional en el que un individuo o grupo aprende a través de la experiencia que sus acciones no alteran los resultados negativos, lo que los lleva a adoptar una postura de pasividad ante problemas modificables”.
En el taller y en la conferencia este concepto activó el involucramiento dialógico, que estimulamos con nuevas preguntas: ¿Cuándo pensamos en cómo pensamos? ¿Cuándo invertimos en conductas que cuestionan nuestras conductas? ¿Cuándo nos preguntamos si lo estamos haciendo bien? Siguió la invitación a construir aprendizaje significativo a través de la reflexión crítica, la cual explicamos enfatizando el valor de cuestionar los supuestos que generalmente aceptamos para construir una postura más consciente y mejor equipada para transformar el contexto.
Entonces ya estábamos en condiciones de activar el cuestionamiento de la política hegemónica de seguridad, de la cual Sinaloa es particularmente víctima, orientada a incrementar el castigo y el uso de la fuerza policial y militar, sin reconstruir los tejidos institucionales y sociales. Pedimos a las audiencias colocarse en la hipótesis de la suspensión de garantías a cambio de la seguridad; hicimos provocaciones vivenciales para pensarse, por ejemplo, sin el derecho a ser informados de los motivos de su detención o sin el derecho a contar con una persona defensora ante la acusación por un delito, como sucede en El Salvador de Bukele.
Nos miramos luego como parte de comunidades que son engranaje de la reproducción de la trampa: más oferta política de mano dura, más demanda social de mano dura, mismas o peores violencias, delitos e impunidad, más oferta política de mano dura y así sin límite.
La parte final de los encuentros la dedicamos brevemente a recoger aspectos clave de dos propuestas metodológicas de acción para el cambio. La construida desde el centro de pensamiento Gulliver, donde proponen la “épica común como estrategia para la colaboración extrema que otorga un sentido de identidad a un grupo (‘nosotros’) y moviliza voluntades hacia una visión de futuro unificada”. Y la propuesta Srdja Popovic publicada en el libro Cómo hacer la revolución. Instrucciones para cambiar el mundo, donde se encuentra un inventario de tácticas y principios universales diseñados por quienes lideraron la oposición a Milosevic, que muestran que cualquier persona puede cambiar el mundo si utiliza la inteligencia, la astucia y la organización pacífica en lugar de la fuerza bruta.
La segunda propuesta es ahora una referencia metodológica de resistencias sociales montadas en tres ejes: unidad, planificación y disciplina no violenta, a cargo de quienes tienen “el poder de lo cotidiano”, es decir, los “rebeldes ordinarios”: los hobbits.