Al recibir en audiencia a la Delegación Ecuménica de Finlandia, el Papa Francisco dirigió un mensaje con metáforas musicales: “El hecho de que su peregrinación a Roma vaya acompañada de coros que honran con su música al Dios Uno y Trino es un hermoso signo de ecumenismo doxológico. ¡Gracias al coro, gracias! ¡Los que cantan rezan dos veces! ¡Gracias, cantores de la Cappella Sanctae Mariae, por este valioso servicio!”.
En la misma tesitura, señaló: “Siguiendo con el tema musical, podríamos decir que el Credo Niceno, que todos compartimos, es una extraordinaria ‘partitura’ de fe. Y esta ‘sinfonía de la verdad’ es Jesucristo mismo, el centro de la sinfonía... Quienquiera que escuche esta «sinfonía de la verdad» -no sólo con los oídos, sino con el corazón- se sentirá conmovido por el misterio de Dios que se acerca a nosotros, lleno de amor, en su Hijo. ¡Y sobre este amor fiel se funda la esperanza que no defrauda!”.
Al escuchar este mensaje, no puede uno menos que recordar el gran poema sinfónico “Finlandia”, que escribió Jean Sibelius para exaltar el patriotismo de sus conciudadanos hacia su tierra. La música es brillante, vigorosa y estremecedora, y finaliza con un coro excelso.
Comienza con los cornos, seguidos del sonido del timbal que prefiguran una obertura solemne y misteriosa, para dar paso a los alientos e invitar a sumarse a las cuerdas. De pronto, las cuerdas y los metales crean un crescendo que culmina en un liderazgo del trombón, que enciende la solemne marcha y melodía principal que da paso al coro:
“Finlandia, tu luz está amaneciendo, la amenaza de la noche ha sido expulsada... Finlandia, levántate, tú no te acuestas bajo el yugo de la opresión. ¡Ha llegado tu mañana, Finlandia nuestra!”.
¿Escucho la sinfonía de la verdad?