Valentín Fuster, cardiólogo de quien hablamos en columnas anteriores, en su libro “El círculo de la motivación”, brindó excelentes consejos y enseñanzas para transformar nuestra vida. En efecto, habló de los valores y virtudes que debemos cultivar para realizarnos como personas positivas y mejorar nuestro ambiente y entorno.
En la introducción, afirmó: “Vivimos en una sociedad de infarto”, en un mundo inestable que parece fundirse bajo nuestros pies. Señaló que la sensación de incertidumbre “está paralizando el progreso de nuestros jóvenes, el éxito de los trabajadores y la merecida serenidad de nuestros mayores”.
Precisó que las noticias diariamente nos producen palpitaciones: “Bancos que se hunden, países al bordo de la bancarrota, escándalos de corrupción política, hospitales con menos recursos, suicidios de personas que están a punto de ser desahuciadas, desoladoras cifras de paro, despidos masivos y palabras de algunos dirigentes cuyas preocupaciones o prioridades se alejan sin remedio de la ciudadanía”.
Añadió que esta crisis exige un profundo cambio: “La sensación de hartazgo y las ganas de cambio son compartidas por millones de personas en todo el mundo. Y ya no son sólo los más jóvenes o los más radicales quienes exigen una transformación de la sociedad: hasta los abuelos y padres más conservadores han llegado a aceptar que el sistema actual es insostenible y no quieren dejar ese triste legado a sus hijos y nietos”.
Indicó que el cambio es posible, siempre y cuando exista una transfusión de motivación, que es el motor del cambio: “De hecho, me preocupa que el hastío actual pueda convertirse en desesperanza o pasividad, que impere la resignación, el “yo no puedo hacer nada”. La historia nos demuestra que la gente puede levantar hospitales, escuelas, ciudades y países cuando se suman esfuerzos e ilusiones”.
¿Estoy motivado? ¿Construyo el cambio?