Los agricultores empiezan su viacrucis, como todos los años, tratando de obtener un buen precio por tonelada del maíz. Este grano, tan importante en la alimentación de los mexicanos, se empezará a cosechar a fines de abril y mayo, ojalá logren algo sustantivo en sus trámites con el gobierno de la cuarta transformación, tenemos la certeza de que, con el actual gobierno, logren compresión a sus justas demandas.
Todos los años, por estos días, empiezan los pequeños agricultores a cabildear en los organismos agrícolas lo relativo al precio por tonelada de su producción de maíz. Estamos conscientes de lo difícil que se pone obtener buenos precios por tonelada de maíz, porque en esta candente cuestión hay una falla de origen: sucede que Carlos Salinas, en lugar de proteger a los pequeños y medianos productores y al maíz nacional orgánico, tuvo la mala idea de meter el maíz en el Tratado de Libre Comercio, que en los 90 del siglo pasado se firmó con nuestros principales socios comerciales: Estados Unidos y Canadá. Desde entonces precio del maíz se rige por los precios internacionales fijados por el libre mercado (es decir, la bolsa de Chicago).
Así es que el maíz de los productores nacionales compite, en condiciones muy desfavorables, con el maíz transgénico, en su mayoría destinado al uso industrial y al alimento de ganado, de las zonas agrícolas de Estados Unidos. Los productores del otro lado, aparte de su alta tecnificación, reciben estímulos y subsidios federales. Buena parte de las recurrentes protestas de nuestros productores de maíz, que demandan mejores precios de garantía y apoyos efectivos al campo, se deben a este desbalance de origen. Nuestros negociadores de la próxima revisión del renovado T-MEC, con Estados y Canadá, deben ponerse más listos y buscar colocar al maíz mexicano, en su mayoría blanco, factible de ser designado con marca de origen, orgánico e ideal para consumo humano, en mejores condiciones en términos de competitividad en el mercado global.
En las condiciones actuales, las que prevalecen desde la primera firma del TLC, es difícil lograr buenos precios en el maíz, porque el precio lo fijan en el extranjero y toman como referencia los costos de producción de esos países, en donde sus agricultores gozan de buenos subsidios y alta tecnología para el cultivo del maíz.
Y acá en México, los pequeños agricultores no cuentan con subsidio amplio, como en los países que se toman de referencia para fijar el precio por tonelada de maíz. Entonces, allí está el problema, hay un vacío grande entre los productores extranjeros de maíz que cuentan con subsidio durante el ciclo agrícola, y los agricultores mexicanos que no cuentan con subsidio y están sujetos a las fluctuaciones del mercado mundial de granos.
Los agricultores de los Estados Unidos gozan de un buen subsidio en el cultivo del maíz. En México, hasta la fecha, con el gobierno de la cuarta transformación, se han logrado algunos apoyos para los agricultores que siembran hasta diez hectáreas. Dichos apoyos son, sin duda un aliciente, pero falta mucho por hacer en el campo para convertir el cultivo del maíz en un pilar de nuestra producción agrícola. Es esencial que el subsidio al maíz sea una realidad y se compense la desigualdad que tienen nuestros agricultores con los del extranjero. El precio oficial en México siempre queda muy lejos de compensar los costos de producción de los esforzados agricultores mexicanos.
Posicionar al maíz mexicano es una lucha que se tiene que librar, esgrimiendo el principio de soberanía de cada país, para que cada país decida libremente los precios de sus productos, de acuerdo a los costos de producción, y evitar que dichos precios se impongan desde el extranjero. Mientras no cambie esa práctica y se posicione mejor a nuestro maíz orgánico, siempre nuestros agricultores van a sufrir un precio internacional deficitario.
Todo lo que hemos venido diciendo, lo basamos en experiencias personales, pues por 20 años fui agricultor y aprendí bastante bien sobre el tema. Puedo decir, con mucho orgullo, que cultivé en esta generosa tierra. Durante el periodo de mi vida que me dediqué a la agricultura aprendí bien el oficio, pero la vida da muchas vueltas y cuando uno menos piensa cambia radicalmente de actividad. De mi vida como agricultor guardo imborrables recuerdos.
El campo mexicano necesita una reforma democrática a fondo, subsidios, precios de garantía y una ardua negociación para que, en el extranjero se nos reconozca como el país donde el milenario cultivo del maíz tuvo su más legítimo origen.