Continuando con la temática abordada por Íñigo Pirfano en la columna anterior, nos referiremos a una severa cita del director de orquesta austriaco, Manfred Honeck, acerca de la labor de los directores jóvenes, a quienes catalogó como agentes de tráfico:
“Hemos pasado de la dictadura en fosos y podios, a poner en manos de jóvenes de diecinueve años las grandes obras del repertorio. El trabajo de un director consiste en tomar decisiones, en materializar en dos días de ensayo una obra que lleva años estudiando. Quiero decir que hacen falta canas en la cabeza para entender ciertas cosas [...]. ¡A mí me ha llevado treinta años entender el sentido profundo de Bruckner...! Claro que uno siempre puede plantarse ahí y agitar los brazos como un guardia de tráfico”.
Para no malinterpretar a Honeck, Pirfano aclaró: “Es imprescindible estar dotado de una madurez que no tiene tanto que ver con la edad física -las «canas» de las que habla Honeck-, como con el conocimiento profundo del corazón, propio y ajeno”.
Agregó: “cuando falta el amor -el conocimiento amoroso, como fruto de la unión entre el entendimiento, la voluntad y los afectos- desaparece del horizonte el sentido de la trascendencia. La pérdida de este sentido trae como consecuencia lo que los clásicos denominaban el tedium vitae: el hastío vital. Algo que, por desgracia, vemos cada vez con más frecuencia”.
Por eso, recordó el consejo de Haydn para retomar el sentido de la vida, de acuerdo a Frankl: “Hay muy poca gente feliz y contenta aquí abajo; el dolor y la ansiedad los persiguen a todas partes. Tal vez, algún día, tu trabajo se convierta en la fuente que proporcione momentos de descanso y solaz a la persona abatida por las dificultades”.
¿Me arrastra el tedium vitae?