¿Tendrá Sinaloa el liderazgo que necesita?

    ¿En Sinaloa, en estas difíciles circunstancias que pasa; tenemos los líderes que el momento reclama? ¿Entre los candidatos y candidatas a gobernar Sinaloa hay gente con los suficientes tamaños para responder a un reto pocas veces tan desafiante como el que experimentamos?
    Por lo que va de las campañas aun no los vemos.

    Los momentos que marcan la historia a profundidad, como el actual, exigen grandes líderes, mujeres y hombres que trasciendan por saber interpretar la circunstancia en la que viven. Esta es una de las crisis más oscuras que ha experimentado México, y prácticamente el planeta entero y; por lo tanto, se necesitan líderes que sepan responder a esa relevante coyuntura.

    Sin embargo, no hay en México un liderazgo suficientemente poderoso para unir, no a todos porque eso es imposible, pero sí a la abrumadora mayoría de los habitantes del País, en una circunstancia donde la unidad tiene una importancia pocas veces vista. Cuando ganó las elecciones en 2018 y después de su discurso de arribo a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador parecía serlo; de hecho, lo era, con una aceptación de más del 80 por ciento de la población, pero ya no lo es más a pesar de tener una aprobación aun alta, alrededor del 60 por ciento de los ciudadanos consultados.

    En realidad, un mandatario con el 60 por ciento de aprobación puede gobernar su país sin grandes sobresaltos, pero en México eso no sucede. Vivimos diariamente con el santo en la boca. Por una u otra razón siempre hay un tema que provoca taquicardia, y el estilo del Presidente tiene mucho que ver con eso. López Obrador, y con él la nación entera, se podría evitar muchos problemas si el inquilino de Palacio Nacional fuera mesurado. Pero, bueno, eso nunca va a pasar, López Obrador será siempre el mismo, lo ha comprobado una y otra vez.

    ¿En Sinaloa, en estas difíciles circunstancias que pasa; tenemos los líderes que el momento reclama? ¿Entre los candidatos y candidatas a gobernar Sinaloa hay gente con los suficientes tamaños para responder a un reto pocas veces tan desafiante como el que experimentamos?

    Por lo que va de las campañas aun no los vemos.

    De un lado observamos a Rubén Rocha Moya, candidato de Morena-PAS, un hombre inteligente, experimentado y con una sólida preparación intelectual, pero el que, inexplicablemente, impulsó una alianza electoral que lo ha perjudicado como ninguna otra cosa. En esta alianza con un partido corporativo y subordinado a los dictados de un solo hombre, donde sus miembros son coaccionados a participar mediante el control que se ejerce sobre la UAS, le ha concedido un protagonismo absurdo a Melesio Cuén, una persona intelectualmente limitada, aunque muy ambiciosa que, paradójicamente, hace ver al candidato minimizado, dependiente y opaco. ¿Muchos nos preguntamos por qué un hombre sagaz, con una potente formación académica y una larga trayectoria en el servicio público como es el Dr. Rocha Moya le concede tanto espacio y poder a un político cuya principal virtud es la ambición sin escrúpulos, y que nos amenaza con cogobernar y ser el titular de Sinaloa dentro de seis años? Si las estadísticas que citan constantemente los morenistas y el mismo Cuén en cada mitin le conceden una amplia ventaja a Rubén Rocha ¿por qué brindarle una tribuna tan ancha a un individuo que mina la presencia del candidato, y que, por si fuera poco, es un orador monótono, egocéntrico y repetitivo?

    Queremos creer que Rocha Moya está convencido de que los votos y la estructura del PAS son necesarios para ganar, pero muchos otros pensamos que le están haciendo un daño enorme.

    Por otra parte, vemos a Mario Zamora, candidato tripartita, quien, a pesar de su sólida formación académica, habilidad política y arrojo, tampoco ha ofrecido una narrativa poderosa, necesariamente épica por el momento; pero que, al menos, presume vitalidad y un estilo de campaña mucho más fresco y ágil. Zamora no ha mostrado hasta el momento un programa de horizonte amplio para Sinaloa sino propuestas puntuales muy centradas en el mundo empresarial, lo cual no es malo pero muy insuficiente para atraer a las clases subalternas que, en su gran mayoría están con Morena. Mientras la oposición no ofrezca propuestas de gobierno que atraigan a la sociedad plebeya difícilmente va a atraer su respaldo mayoritario. No basta que señalen los errores, insuficiencias y contradicciones de AMLO y Morena, como los hacen el PRI-PAN-PRD en su propaganda, si no elaboran un claro programa económico y social que satisfaga a los excluidos de siempre.

    Mario Zamora ha atraído a la mayoría de la gente de dinero con él, y los necesita para competir y eventualmente ganar, pero se ve muy clasista y alejado de los pobres.

    Es decir, difícilmente Mario Zamora puede ganar solo con una campaña ágil y plena de energía, le urge profundidad social y un horizonte de largo alcance.

    Pero, igual a Rubén Rocha le faltan planteamientos profundos. No se ve en los dos ninguna idea novedosa de cómo Sinaloa va a salir de la actual crisis y cómo debe ser diferente en una sociedad post Covid-19 y en medio de una crisis ambiental que demanda un rumbo diferente en todos los órdenes. Nada puede seguirse haciendo igual a como lo hemos hecho hasta ahora. Debemos empezar a construir sociedades distintas y mejores en los ámbitos de la producción, el consumo, la educación, la cultura y las relaciones sociales. Debemos empezar a construir una visión y una relación renovadas con la naturaleza y entre los diferentes grupos sociales, máxime que Sinaloa tiene una economía estrechamente ligada a las actividades primarias.

    En las campañas de los candidatos no se ve nada de esto. No parece que entiendan el momento histórico que vivimos, y particularmente el que experimentamos en Sinaloa. Están concentrados en lo inmediato, en lo propagandístico, en ganar a toda costa. Qué error. Uno de ellos ganará, pero no parece que vaya a ganar Sinaloa.

    Posdata

    Ahora me encuentro que los pasistas en su afán de desprestigiar a sus críticos falsean las páginas oficiales de la UAS. Una de ellas, que aparece en primer lugar en Google cuando se buscan datos míos, revela una apócrifa evaluación de mi desempeño académico de años en los que yo ya me había jubilado de la universidad. Obviamente pagaron para que la supuesta evaluación apareciera en la primera ventana, y quienes la vean, digan: “¡Ah, este pésimo profesor es uno de los críticos de Cuén y del PAS. Ya entendemos: es un resentido”!

    ¡Qué grave que se utilice a la UAS de esta manera!