La Presidenta Claudia Sheinbaum tomó una decisión sin precedentes en el morenismo al llevar a juicio al ahora ex Alcalde de Tequila, Jalisco, Diego Rivera Navarro. De los muchos alcaldes morenistas a los que diferentes medios periodísticos señalan de estar coludidos con el crimen organizado en diferentes partes del País, esta es la primera vez que se destituye y apresa a uno. La pregunta es: ¿Habrá más? Y, todavía más importante, ¿buscará llevar a juicio a ex funcionarios del gabinete de López Obrador, como Ignacio Ovalle y Manuel Bartlett, o ex gobernadores como Adán Augusto López? ¿Llevará hasta el final la investigación sobre los huachicoleros de Morena o todo quedará en señalamientos a personajes menores?
Si el tema de la violencia y de la complicidad con los cárteles de la droga queda en una mera llamarada de petate con el caso de Tequila, la Presidenta Sheinbaum perdería una oportunidad de enorme relevancia, quizá única, para combatir a fondo el desafío de mayor relevancia actual para el País. Pero si va a fondo, no tan sólo fortalecería su gobierno, trascendería en la historia de México como la primera titular del Poder Ejecutivo en enfrentar con firmeza y plena responsabilidad al crimen organizado, y, sobre todo, empezaría a darle paz a una sociedad que la ansía desde hace varios lustros.
Sin embargo, no sabemos hasta dónde puede llegar la Presidenta porque son muchos los integrantes de Morena que le ponen todos los obstáculos posibles para que no limpie la suciedad de su instituto político. Y no son pocos los que giran alrededor de López Obrador, incluyendo a los mismos hijos del hombre de Macuspana.
Si la inquilina de Palacio Nacional no supera el evidente dilema que la atrapa, de ser fiel con López Obrador quien, ciertamente, la orientó y encumbró políticamente pero que la limita en la operación de gobierno, sobre todo en el combate a la complicidad de los morenistas con las organizaciones criminales, y da el paso sin titubeos para actuar de manera plenamente autónoma, como lo dicta la Constitución, no podrá tener el respaldo de los sectores de su partido que buscan encauzarlo por las vías institucionales sin perder los objetivos de la democracia, la justicia social y la plena honestidad de un gobierno. Y mucho menos tendrá el respaldo de ciudadanos que votando o no en favor de Morena desean un México plenamente democrático e igualitario.
La Presidenta Sheinbaum debería aprovechar las presiones de Donald Trump en su favor para avanzar en los objetivos de fortalecer a su gobierno y al País. Si el hombre naranja utiliza al crimen organizado como un pretexto para intervenir en nuestro territorio o utilizarlo como arma acusadora para debilitar al gobierno mexicano y sacar más ventajas en las negociaciones del T-MEC, en la política migratoria y en otros temas de la agenda de ambos países, Claudia Sheinbaum debería actuar rápido y a fondo para desproteger al crimen organizado del cobijo de las tribus morenistas, descabezando a éstas, y al mismo tiempo quitar argumentos a la Casa Blanca para meterse en los asuntos de nuestro País.
No obstante, la acertada decisión de intervenir en Tequila, la cual alienta esperanzas de acciones mayores, vemos, en contraste, como en el caso de los once mineros de Concordia, se recurre a la conjetura poco creíble de que fueron confundidos con integrantes de uno de los grupos de la guerra narca. Hay múltiples evidencias dadas por familiares de los mineros, habitantes de Concordia y de investigaciones periodísticas de que la hipótesis de la confusión no tiene ningún sustento. Y, más grave aún, es que las autoridades no dan la información de las múltiples fosas clandestinas donde se han apilado, según investigaciones periodísticas, como las de Idalia Gómez y Omar Chaparro, cientos de cadáveres recientes y de varios años atrás.
Es decir, no se entiende por qué Omar Harfuch, respaldado por la misma Presidenta Sheinbaum, presenta una hipótesis insostenible e inaceptable. Pareciera que, en este caso, como en otros, no se quiere decir toda la verdad, lo cual, es evidente, no ayuda a la credibilidad de Palacio Nacional ni lo fortalece.
No hay, entonces, evidencias firmes de que se adopte una estrategia sin titubeos por parte de la doctora Sheinbaum para no proteger a nadie de los funcionarios y políticos morenistas y de otros partidos que les tienden la mano a las organizaciones del crimen. La senda debe ser la de Tequila no la de Concordia.
Ojalá las investigaciones y acciones del Gobierno mexicano tomen un rumbo más convincente en Concordia. Lo necesita Sinaloa y todo México.
Se entiende que en las redes sociales se digan muchas tonterías, pero que comentaristas radiales o periodistas, dentro y fuera de Sinaloa, también hayan clamado porque no se celebrara el Carnaval de Mazatlán es de una irresponsabilidad suprema. Es muy cierto que hay luto en muchas familias sinaloenses y que el Carnaval es la fiesta en pleno, y por tal motivo, dicen, se debería cancelarlo. Pero haberlo hecho hubiese complicado aún más la vida de miles de sinaloenses porque esa fiesta ingresa cientos de millones de pesos para el Municipio e incluso para las arcas estatales, y cientos de empleos, quizá miles, para los habitantes del sur del estado. Esas campañas absurdas anti carnaval sólo empeoran las cosas.