Trabajar cansa

ÉTHOS
01/09/2026 04:00

    Tal vez algunas personas hayan catalogado la pasada columna -del trabajo considerado bendición- como algo ideal y romántico. Sin embargo, en los comentarios recibidos no se percibe esta tendencia, sino una afirmación del contenido expuesto.

    No obstante, conviene apuntar que muchas personas, por desgracia, no comparten esa visión optimista, progresista y perfeccionista. Por eso, hoy nos detendremos en la antípoda del contenido de ayer, y hablaremos del cansancio del trabajo y de la vida, que aprisiona a algunos semejantes en los lúgubres tentáculos de la angustia, desaliento y desesperación.

    Nos centraremos en la poesía de Cesare Pavese, quien escribió un poema que lleva el título de la presente columna: “Trabajar cansa”. Además, paradójicamente, le rendiremos un homenaje, pues se acaba de cumplir un aniversario más de su muerte: se suicidó tomando siete tubos de barbitúricos el sábado 27 de agosto de 1950, en la habitación 346 del albergo Roma de la ciudad de Turín, y el 9 de septiembre cumpliría 42 años.

    Su fuga de la vida fue un escape a sus ansias de amar no correspondidas. En una página de su libro Diálogos con Leucó, garrapateó: “Perdono a todos y a todos pido perdón. No chismorreen demasiado”.

    En Trabajar cansa, precisó: “Atravesar una calle para escapar de casa puede hacerlo un muchacho, pero este hombre que anda todo el día por las calles ya no es un muchacho y no escapa de casa... ¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?... De no ser así, uno habla a solas. Es por esto que a veces el borracho nocturno comienza a farfullar y relata los proyectos de toda la vida... En la noche, la plaza vuelve a quedarse vacía... No es justo quedarse en la plaza desierta”.

    ¿Me agobian el cansancio y la soledad?